Se nos fue un gran periodista

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Fabio Castillo es considerado uno de los más grandes periodistas colombianos. Con escasos veinte años y cuando hacía sus primeros pinos en el periódico El Siglo, ganó un Premio Simón Bolívar y luego en El Espectador fue la mano derecha de Guillermo Cano y era quien dirigía y estaba detrás de las grandes investigaciones y denuncias de ese diario, enfocadas sobre el narcotráfico y la corrupción. Al punto que cuando el director salía de vacaciones o no podía escribir su columna habitual, era Fabio el encargado de escribir el editorial.

Fabito, como cariñosamente le decían sus amigos se caracterizó por investigar y contrastar con pruebas documentales todas sus denuncias. Era un hombre discreto, sin afán de figurar al punto que casi nunca firmaba sus columnas, reconociendo siempre el trabajo de los demás periodistas. No le interesaba figurar

Era un hombre transparente que vivió su vida, con mucha sencillez sin apego al dinero y a quien sus amigos describen como un ser ciertamente grande, un amigo inolvidable.

Fue el primer periodista que investigó y denunció a Pablo Escobar como narcotraficante, cuando este se codeaba con la crema y nata de los políticos en la Cámara de Representantes.

Sus denuncias y la publicación de sus libros “Los Jinetes de la Cocaína” y “Los nuevos Jinetes de la Cocaína”, desataron la más pavorosa persecución en su contra, al punto que tuvo que salir corriendo del país y vivir en el exilio cambiando su identidad y escondido en varios países. Pudo sobrevivir gracias a la solidaridad de colegas como Antonio Caballero y Ana Carrigan, sobrina de Rafael Parga ex gobernador del Tolima.

Su vida y su obra son un ejemplo indiscutible, de seriedad y valentía para las nuevas generaciones de comunicadores, como pudimos apreciarlo recientemente, con la publicación que hizo Mauricio Gaona, hijo de Manuel Gaona exmagistrado de la Corte, asesinado en la toma del Palacio de Justicia, quien afirma que su libro sobre los Jinetes de la Cocaína, fue clave para establecer con absoluta certeza, que Pablo Escobar fue quien le financió al M-19 la toma del Palacio de Justicia, donde en ese momento se discutía una ponencia de Gaona que negaba la solicitud de eliminar la extradición que pretendía Escobar.

Ese quizás es el último reconocimiento que en vida se le hizo al periodista Fabio Catillo.

 Y no podía cerrar esta nota de despedida, sin mencionar una anécdota de algo que le ocurrió a Fabio en el único cargo público que desempeñó, en la Procuraduría, cuando lo llamó a trabajar con él Carlos Jiménez Gómez y una noche que Fabio se quedó trabajando solo y de pronto escuchó ruidos extraños y voces de varias personas, apagó una lamparita que tenía y se escondió para mirar aterrado que quien ingresaba al despacho del procurador era Pablo Escobar, rodeado de sus escoltas. Al día siguiente presentó su renuncia, tras haberle preguntado al jefe que había hecho la noche anterior y el señor procurador le respondió que se había dedicado a actividades hogareñas.