Dispongo, por fortuna, de un margen de ocio que distraigo con una lectura bastante heterogénea.
Esa condición me ha permitido fundamentar mi perspectiva, no sé si buena o no, pero si con muchas ínfulas para adentrarme en predios, que algunos consideran temas de especialistas.
Sin embargo la crisis nacional es de tal gravedad que no es moralmente posible dejársela en manos de estos y mucho menos de los políticos.
Yo creo que la vida del país y el ordenamiento de la sociedad civil no puede entregársele al monopolio de quienes se creen los dueños del poder, que sin imaginación creadora y sin sentido histórico, siguen sus intereses egoístas. Yo soy residente del país nacional, eso me da autoridad para aportar algunas reflexiones de sentido común.
Humberto de la Calle Lombana se ha referido ampliamente a los inconvenientes legales de orden procedimental y factico que tiene la propuesta de la asamblea nacional constituyente.
Estas mismas dificultades tuvo que haberlas previsto el “staff” de asesores del gobierno. No sería esa a mi juicio, la verdadera intención del ejecutivo al proponerla.
Podríamos pensar en el globo como estrategia, como sugiere Alfonso Gómez Méndez, para desviar la atención hacia la polémica propuesta, y de esta forma quitarle presión a las reformas que arduamente cursan en el congreso, viabilizando así, previo consensó, su aprobación como parte de un gran acuerdo.
De ser esta la intención y de resultar exitosa, sería muy importante para los propósitos de quienes estamos por el gran acuerdo nacional, que dicho sea paso, registramos con satisfacción, que uno de los más destacados ideólogos de la izquierda como Iván Cepeda Castro, se haya pronunciado a favor de el gran acuerdo.
Porque así las cosas, la aprobación de las reformas en el congreso implicaría un importante avance en esa dirección.
Cualquier oscura motivación que pretenda utilizar el mecanismo de la asamblea constituyente, debe tener presente que el mayor mérito de nuestra constitución está en que preservando parte de la concepción bolivariana del ejecutivo fuerte, que representa el presidencialismo, nuestra carta garantiza y reafirma las libertades y derechos que han sido el legado recibido de nuestros antepasados y debe trasmitirse intacto a nuestros descendientes.
El carácter nacional y tratado de paz civil que justamente se le atribuye, por cuanto todas las facciones se plegaron a su vigencia, aparte de ser considerada una de las más progresistas de américa, es una fuerza mística que no puede subestimarse. Los valores democráticos que con mucho sacrificio hemos construido y que le permitieron al actual presidente llegar pacíficamente al poder, es una irrenunciable herencia para las futuras generaciones

