La Paz Total, si es posible

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Por: JORGE ALBERTO GUZMÁN A

joralmanar@gmail.com

Desde el 7 de agosto de 2.022. una vez se posesionó nuestro Presidente Gustavo Petro Urrego, lo primero que se propuso, entre las obras que hacían parte de su programa de gobierno, fue buscar la PAZ TOTAL, como un objetivo que le deparare un horizonte al final del camino de plena seguridad con sosiego y tranquilidad física y mental para todos los colombianos.

Lo anterior significa que no lo intentó de manera parcial con el ELN, como si lo hizo el Expresidente Santos con las FARC, que al igual que éste representaba un conflicto armado con el Estado desde su creación, sino en forma TOTAL porque incluía  a todos los demás grupos alzados en armas, sin discriminar la causa o el origen de su conformación, que bien puede ser de orden político o por codicia o ambición de tipo económico  y delincuencial, pues sólo de esa manera se puede lograr una PAZ auténtica y verdadera.

La prioridad de tales negociaciones obedece simplemente al hecho, aunque duela reconocerlo, de ocupar Colombia el tercer puesto entre las naciones más violentas del mundo, lo cual es evidente pues desde el comienzo de la vida republicana y a partir del inicio del siglo 20 los partidos políticos, el Liberal y el Conservador, se enfrentaron en una guerra a la que se le llamó de “los mil días” dando lugar a la pérdida de muchas vidas, aspecto éste que se acrecentó a partir de 1.946 con la llegada a la Presidencia de Mariano Ospina Pérez, que contó con una policía que se denominó “chulavita” por su lugar de origen y que se distinguió por su crueldad al cegar la vida de numerosos campesinos liberales, situación que continuó desde 1.950 con el siguiente gobierno Conservador de Laureano Gómez y Roberto Urdaneta, lo que sirvió para que en su defensa surgieran grupos armados, que a la postre algunos de ellos se convirtieron en verdaderas bandas criminales que azotaban los campos y veredas cometiendo toda clase de crímenes, comandados, entre otros, por quienes habrían de llamarse Desquite, Sangre Negra, Chispas, Mariachi, Charro Negro etc., extendiendo su actividad delictiva durante gran parte del Frente Nacional y hasta cuando muchos de estos fueron dados de baja o juzgados y recluidos en cárceles, mientras que aquellos que se habían mantenido en la lucha política fueron amnistiados. Por otra parte, cuando el liberalismo no fue víctima del propio Estado a través de su organismo de inteligencia SIC, antiguo DAS, sirvió de carne de cañón a los denominados “pájaros”, descritos en su tiempo por Álvarez Gardeazabal, hoy en abierta oposición contra el gobierno.

Me haría interminable, pues llenaría las páginas de la presente edición relatando los hechos violentos  que continuaron una vez finalizado el Frente Nacional el 7 de agosto de 1.974 hasta el 7 de agosto del 2022, fecha en la que se inició el actual gobierno y que comprende un periodo de 48 años, al cual ya me referí en anterior escrito y, al que se me ocurre denominar de la manguala, donde liberales y conservadores detentando el poder se convirtieron en lo peores enemigos y verdugos, utilizando agentes del Estado, muchas veces en contubernio con paramilitares y narcotraficantes, contra todo aquel que fuese señalado de socialista o de izquierdista pues de inmediato era tildado de comunista y terrorista, por tanto blanco de las balas para su muerte o desaparición, como sucedió al surgir la FARC a raíz del bombardeo a una organización de campesinos denominada Marquetalia, creada para su propia defensa y comandada por Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda, hecho sorpresivo y violento ordenado por Guillermo León Valencia, uno de los expresidentes del Frente Nacional, paradójicamente porque éste sistema fue acordado para hacer la Paz y no la guerra,  lo que así mismo ocurrió con Carlos Lleras Restrepo que al haber facilitado el fraude electoral, en las circunstancias bien conocidas, permitió que amaneciera triunfante Misael Pastrana Borrero, el último de los presidentes de la alternación, lo que provocó de inmediato el alzamiento en armas del M19,

Para complementar lo anterior. en 1.985 a instancias del Presidente Belisario Betancur fue fundada la Unión Patriótica, UP, con el principal propósito de que ésta por los nexos y afinidad de sus directivos con las FARC hiciera posible que su gobierno entrare en conversaciones con ésta guerrilla en búsqueda de la PAZ. pero desafortunadamente tan buen propósito se frustró por la inclemente persecución que desató el ejército en alianza con paramilitares contra ese partido, supuestamente por llevar el remoquete comunista y por tanto terrorista, que marcó una época de terror en la que fueron asesinados dos de sus candidatos a la Presidencia, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa y además cerca de 6.000 miembros de esa colectividad, un genocidio de lesa humanidad contra líderes sociales y políticos, entre los cuales se destacan el senador, abogado y periodista, Manuel Cepeda Vargas, padre del actual candidato del Pacto Histórico Iván Cepeda Castro y, con tan mala suerte también Carlos Pizarro León Gómez, comandante del M19 y candidato a la Presidencia, vilmente asesinado dentro de un avión en 1.990

A semejante ola de terror se suma la toma del Palacio de Justicia por parte del M19 durante el gobierno de Belisario Betancur, quien antes que dialogar con ese grupo, prefirió la retoma sanguinaria y despiadada del ejército que causó la muerte de ilustres magistrados, funcionarios y civiles, algunos de éstos desaparecidos.

A lo expuesto se agregan los crímenes de finales del siglo pasado, al desempeñar Uribe la Gobernación de Antioquia y luego a partir del 2.002 la Presidencia. De esa primera época cabe mencionar la creación de dos grupos paramilitares, las Convivir y los 12 Apóstoles, éste último en complicidad con su hermano Santiago, al igual que varias masacres cometidas por la fuerza pública en alianza con el paramilitarismo entre las que se destacan las de La Granja y El Aro, corregimiento de Ituango, que al ser denunciadas por el abogado y líder social Jesús María Valle, fue vilmente asesinado. Pero, como si lo anterior hubiere sido poco, al asumir la Presidencia y prometer la seguridad nacional, derrotando a las FARC, lo cual le fue imposible, no obstante haberse hecho reelegir de manera fraudulenta, se propuso engañar a la opinión pública con la ayuda de su Ejército, mediante el asesinato de 7.837 civiles inocentes, según últimos informes de la JEP, haciéndolos pasar por guerrilleros como falsos positivos,  tomados de la confesión de militares faltando aún muchos crímenes por descubrir y, otros por contabilizar, como fueron los 957 líderes sociales asesinados en el gobierno de su pupilo Iván Duque, al igual que los del estallido social provocado por la desigualdad, la corrupción, el incumplimiento del Acuerdo de Paz y una injusta Reforma Tributaria del exministro Carrasquilla, que dejó como saldo varias víctimas, entre ellas la muerte de los estudiantes Javier Ordoñez y Dilan Cruz atribuidas al ESMAD

Lo triste e imperdonable es que todo lo anterior, sin duda alguna, se hizo con la aquiescencia o al menos en medio del conformismo y la pasividad de nuestros gobernantes de turno.

En ese orden, descontado el noble propósito del Presidente Petro de pretender hacer de Colombia un país libre de violencia, como requisito necesario y fundamental para su progreso y desarrollo con equidad y justicia social, lo indicado es y seguirá siendo buscar a toda costa LA PAZ TOTAL, tarea ambiciosa  por cierto pero no imposible, para cualquier gobierno, así se diga hoy que los grupos armados cuenten con cerca de 27.000 integrantes, en gran parte distribuidos en 5 frentes principales, entre los que se destacan: el ELN, el CLAN DEL GOLFO, LA SEGUNDA MARQUETALIA, el ESTADO MAYOR CENTRAL y el ESTADO MAYOR DE BLOQUES, comandados, en su orden, por Eliecer Chamorro, alias Antonio García; Jobanis de Jesús Ávila; Iván Márquez; Néstor Gregorio Vera alias Mordisco y Alexander Diaz alias Calarcá y,cuya misión ya no es luchar contra el Estado y su sistema de gobierno, sino la de obtener en algunas regiones el enriquecimiento a través de la droga o de la minería ilegal, circunstancia ésta que por generar violencia con perturbación del orden público ha obligado a que el Ejército y la Policía tengan que intervenir con todo el rigor de las armas, incluyendo bombardeos, bien para darlos de baja o, lograr preferiblemente la captura de sus comandantes con lo cual no se descarta la posibilidad del diálogo con miras a la PAZ sin excluir las sanciones atinentes a su rehabilitación, siendo ésa y no otra la misión que se ha propuesto el Presidente Petro, con la que bastante ha avanzado, lo cual ya es un comienzo pese a las adversidades, a la instigación y a los burdos montajes de una terca oposición, que ha llegado al extremo  durante la presente campaña electoral, no solo de querer convencer al país que el Presidente Petro es un aliado de los guerrilleros por pretender dialogar con ellos antes que matarlos, o el afirmar como lo ha dicho la candidata Paloma Valencia que de alcanzar la Presidencia se propone acabar la Paz Total.

Ante semejante amenaza, solo nos resta esperar con optimismo el triunfo de la izquierda, con la seguridad de que la PAZ TOTAL si es posible, pero hay que siempre buscarla, si Colombia quiere seguir siendo el país de la belleza, una potencia mundial de la vida.