Por: JESÚS ALBERTO SEPULVEDA


La narrativa de Eduardo Mendoza se ha carcaterizado a lo largo de las ultimas decadas por ser un aporte significativo a las letras callejeras, dolidas y desesperanzadas de los personjes que habitan las páginas de sus libros y sus sueños/pesadillas de la contemporánea literatura colombiana.
ES DURO DECIR QUE NO SABEMOS BAILAR, reeditado por Rosa Blindada, con Eleazar Plaza a la cabeza, es una propuesta de Mendoza para invitarnos cohabitar con el desarraigo las nostalgias, el fracaso dolido de sus personajes desmesuradamente desilusionados: pero tambien un desborde de la palabra que al ser leída nos permite sufrir y gozar lo que cuenta, lo que baila y lo que canta.
Asi con este libro, Eduardo Mendoza se afianz definitivamente en su literatura urbana: sus cuentos y sus sueños. sus gestos convertidos en palabra escrita y sufida, su mirada de mundo desde cualquier esquina de una calle con sus personajes condenados irremediablemente y su paisaje de cemento de cajones oscurecidos, de basuras y de pedazos de alma regados en los andenes disparejos de la vida. “Es duro decir que no sabemos bailar salta”

