El canciller Leyva

Política

Conocí a Álvaro Leyva Durán en una reunión propiciada por Fernando su hermano, con quien había yo entablados una cordial amistad avivada por mutuos intereses políticos. Nos acompañaba también mi padre, quien tenía una vieja y estrecha relación con ellos, desde cuando junto al padre de estos, Jorge Leyva Urdaneta, se rebelaron contra lo que se conoce como el Pacto de Benidorm, suscrito por Laureano Gómez en su calidad de jefe del partido conservador y Alberto Lleras Camargo como jefe del partido liberal, que fueron las bases del Frente Nacional.

Entre otras razones por las que se oponían era precisamente por lo excluyente del mismo, en la medida que el sistema de la paridad política que consistía en el reparto de todos los cargos públicos del estado solo se aplicaba para los miembros de los dos partidos tradicionales, el liberal y el conservador. Álvaro Leyva para entonces era ya un destacado líder conservador, había hecho su carrera política como concejal de Bogotá, diputado a la asamblea de Cundinamarca, representante a la cámara por el mismo departamento y senador.

Era en esos momentos uno de los mas firmes candidatos para hacer parte del gabinete ministerial del recién electo presidente Belisario Betancur. Como efectivamente ocurrió, en el Ministerio de Minas y Energía, equipo del que por generosidad suya y de Fernando, tuve el honor de hacer parte como jefe de personal del Instituto Colombiano de Energía Eléctrica.

Siempre en sus conversaciones ha estado presente su preocupación por la paz de Colombia, a la que le ha dedicado toda su energía, liderando desde que se institucionalizaron en el gobierno de Belisario Betancur, los diálogos con los grupos rebeldes, adoptando esta estrategia como la única salida al conflicto armado.

Desde entonces no ha habido oportunidad de dialogo que se haya explorado en el que no hayan contado con su valioso concurso.

Fue protagonista de primer orden en el proceso de paz en el gobierno de Andrés Pastrana, desafortunadamente se frustró por la emboscada que desde la Fiscalía le tendieron a Leyva, obligándolo a exiliarse en Costa Rica.

Su decisivo papel en los acuerdos de la Habana, en donde su carácter afirmativo, recio, pero a la vez generoso y franco refrendó su condición de luchador obstinado, pero también su excepcional capacidad para buscar el acercamiento por los canales del dialogo civilizado. Hoy cargado de experiencia puede recoger los frutos de toda esa dura vigilia de su destino político.

Leyva

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