Meritocracia

Política

No resulta para nada estimulante escribir en un momento en el que las pasiones se han convertido en el combustible de las decisiones políticas. Los avances de una precaria reconciliación que con tanto esfuerzo se había conseguido, fruto de un gran acuerdo nacional que se plasmó en la constitución del 91, hoy con dolor de patria, tenemos que reconocer se han esfumado. Temas fundamentales que se consignaron en la carta magna y que permitieron garantizar la llegada al poder por la vía democrática de quienes habían sido la oposición armada al viejo establecimiento, con lo que se reafirma el poderoso alcance y la trascendencia que inspiró el gran acuerdo nacional. Hoy ya en el gobierno, contagiados por el “régimen corrupto”, que se identifica con las practicas perversas en el ejercicio de la gobernabilidad, tergiversan el espíritu de la que ha sido reconocida como de las constituciónes más garantitas de América, y se empeñan en apelar al sofisma de una reinterpretación, pretendiendo así aferrase ladinamente al poder, con total menosprecio del sentimiento de desilusión, frustración frente al evidente fracaso del proyecto de cambio, que con tanta expectativa convocó las mayorías a las urnas hace apenas tres años.

Recurrir al fomento del odio, la confrontación, la amenaza y la desinstitucionalización, antes que optar por un autoanálisis en el que se debe admitir, primero que todo, que se falló en la conformación de los equipos de gobierno, que no han sido, salvo algunas excepciones, los más competentes, porque priorizó el favoritismo antes que la meritocracia, es el más nefasto de los caminos, por esa vía no encontraremos sino caos y miseria.

La política regional no ha sido ajena a esa estrategia confrontacional, que se viene imponiendo por parte del gobierno central, pero aquí los protagonistas son las mismas fuerzas que se han venido relevando en el poder y que se niegan a aceptar que el descontrolado incremento de las prácticas corruptas nos está distanciando cada vez más de un mecanismo fundamental para la consolidación de la democracia, y es la meritocracia, el día que logre prevalecer este sobre los interesen mezquinos de quienes se creen dueños del poder, podremos ver al Tolima y a Ibagué crecer en sus justas proporciones.

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