Por: ALBERTO SANTOFIMIO BOTERO
Quizá por ese temple de arrogante y siempre renovada juventud, Chavita jamás se interesó por el tema de la muerte.
En nuestras tertulias aminadas, chispeantes, ocurrentes, todo fue vitalidad, alegría, música, libros, poesía amistad y ese AMOR por Ibagué que brotaba como una cascada de sus labios profirientes, inconformes con autoridades y dirigentes a quienes les lanzaba su serena y punzante espada acusadora, su fino y divertido hini, para, rebelarse por el abandono de aspectos para ella determinantes, de la tradición hidalga del Ibagué de sus energías y fuertes convicciones y creencias.
Cuando su esposo el medico Francisco Sarmiento Mejía, ejerció con HONRADEZ y dignidad, la ALCALDÍA DE IBAGUÉ, CHAVITA, convocó, con fuerza cívica y extraordinario empuje al selecto grupo de sus mejores amigas, a trabajar con entusiasmo por los parques, la cultura y los pobres y desvalidos de su amada, ciudad.
El ibaguereñismo corría por sus venas como un águila, me inquieta.
La niña consentida ,hija del ganadero más acaudalado de la ciudad, tuvo que enfrentar en su existencia, varias tragedias inenarrables, que hubieran sumido en la derrota a cualquier ser común.
Ella, desafió y derrotó FUERTE y segura, el suicidio de su cuñada, y de su hermano y la muerte de, su esposo y de su hijo en un terrible accidente aéreo.
Esa mujer FUERTE, se refugio en libros, pinturas, en profesar una amistad sin sombras en rectorar con dulzura y fortaleza su hogar, y en reírse de las tristezas y superarlas todas con una magia asombrosa, que nos invito a sus amigos a admirarla y quererla más.
Su idea de fundar la ” SOCIEDAD DE AMOR A IBAGUÉ, fue una noble manera de escapar en un bello itinerario de fuga, de los sufrimientos injustos que le deparó ingrato el destino.
En nuestros encuentros en su casona de la calle 9, recitabamos, leíamos, oíamos boleros, repasabanos libros.
Siempre tuvo la sabiduría de rodearse de gente joven, porque hasta días antes de su final, estuvo pletórica de una envidiable juventud vital que todo lo desafiaba.
En presencia de María Clara Polanco, hija de sus grandes amigos, le leí esta sentencia de mi admirado Jorge Luis Borges: ” Cuando la vida nos asombra con inmerecida penas, o con inmerecida aventuras, metáforizamos casi instintivamente.
Queremos no ser menos que el mundo, queremos ser tan desmesurados como el.”
Así lo hizo Chavita Parra de Sarmiento ,hasta su final suspiro, rodeada del cerco sublime de sus hijos y nietos y de nosotros sus amigos y de la ciudad toda, que supo devolverle ese INDEFICIENTE AMOR A IBAGUÉ


