A la prensa colombiana le sucede igual a lo que nos cuenta la muy conocida y legendaria fábula de “EL PASTORCITO MENTIROSO”, de Esopo, quien engañaba a los pobladores de su aldea con permanentes gritos de auxilio hasta que la gente se cansó y cuando llegó el momento de creerle todos lo ignoraron.
Palpable ejemplo de lo que pasa con el «periodismo mentiroso» acostumbrado a valerse de falsedades y engaños hasta perder respeto y credibilidad.
Así sucede con los habitantes de este país que por muchos años confiaron en los medios de comunicación comerciales, tradicionales, pero al darse cuenta de sus mentiras han dejado de creerles.
Otrora prestigiosos, veraces, objetivos, transparentes y ecuánimes hoy día auspiciando las confrontaciones y los odios entre compatriotas.
“El 74% de los colombianos cree que los grandes medios de comunicación mienten y manipulan las noticias”/ Fuente CNC.
Así mismo, “el informe de Reuters de 2023 revela que solo el 35% confía en la información”.
Estadística muy semejante a la anterior, y agrega:
«El aumento de las noticias falsas en los medios colombianos mina su credibilidad y destruye la confianza de las audiencias».
En efecto, esto ha afectado la confianza de toda la comunidad y hoy esa credibilidad ha hecho crisis.
El legítimo derecho a la libertad de pensamiento y de información, no puede manipularse sobre todo cuando la desinformación destruye la confianza de la ciudadanía en las instituciones democráticas.
Las falsas noticias o fake news, cuyo objetivo es el engaño con base en mensajes sesgados o distorsionados, causa la descomposición de la sociedad y estimula las malas pasiones.
La comunicación tampoco puede ser intimidante sobre hechos que con razón o sin ella seguramente corresponde investigar a la Justicia y ante la cual deben formularse las demandas con las respectivas pruebas.
El legítimo derecho a la libertad de pensamiento e información, no es para manipularse y tratar de resolver una controversia política a través de la prensa.
Por eso, quienes actuamos limpia y honradamente, debemos velar porque el periodismo se ejerza con rectitud.
Lo que si quiero dejar en claro como columnista de “ACTUALIDAD TOLIMENSE”, es mi posición frente a estos casos:
Sea de derecha o de izquierda, nada justifica la inmoralidad y la deshonestidad de funcionario público alguno en el ejercicio de su cargo ni fuera de él.
La lucha debe ser en general contra los actos criminales y contra la crisis de valores.
Sin embargo, “todo hombre se presume inocente mientras no se demuestre lo contrario”, y no es a la prensa a quien le corresponda declararlo culpable mientras la justicia no lo determine.
Menos mal, gracias a las Redes Sociales hoy día los ciudadanos participan de política y se enteran de los hechos mucho más que cuando la prensa tenía monopolizada la información. No obstante, lamentablemente también se han ido convirtiendo en una “CLOACA” en donde muchos expresan su bajeza, insolencia y mezquindad. No pueden hablar sin insultar y denigrar de todo aquel que no comulgue con sus planteamientos. ¡Grave! ¡Muy grave…!

