Con más pena que gloria, o mejor, con inmensa vergüenza ajena, transcurrieron las celebraciones aniversarias de los 472 años de la fundación de esta Villa de San Bonifacio de Ibagué del Valle de las Lanzas.
En el destartalado parque Murillo Toro -que no en la concha acústica- con una costosa tarima metálica, se presentaron varios grupos musicales que fueron escuchados por un escaso público constantemente asediado por un “enjambre” de vendedores ambulantes de toda suerte de comida callejera que incluso cubría la entrada a la Gobernación. Deprimente espectáculo del cual fueron testigos mudos el abandonado Hotel Ambalá, el desvencijado Banco de la República, el raído busto del presidente Manuel Murillo Toro y, al fondo, el Círculo de Ibagué, símbolo de la sociedad ibaguereña que otrora tantas batallas libró por el ornato y la buena imagen de nuestra ciudad.
Este collage fotográfico, lo reemplaza mil palabras, y muestra por sí sólo la desidia y la incapacidad de un alcalde que, con tanto dinero malgastado, bien hubiera podido refaccionar nuestro parque principal al cual le han robado todo y solo faltaría que hasta le cambien de nombre.



