Ha transcurrido más de siglo y medio de vida republicana y es la hora en la que infortunadamente no hemos encontrado aún el camino del progreso y desarrollo, al menos en forma justa y socialmente equitativa porque siempre en medio de la desigualdad, cuando no ha sido la rivalidad violenta y la lucha fratricida de los partidos para mantenerse en el poder, es el acuerdo cómplice de muchos de éstos para excluir a una gran parte de la población que se ve obligada a vivir en la pobreza extrema y en la inconformidad.
Es esto último y no otro el motivo o la razón por la cual hemos tenido que soportar y tolerar, frente a una justicia deficiente, los reiterados delitos contra la propiedad o, bien la violencia que se origina por diversas causas, entre ellas, quizás la más importante, la insatisfacción de los derechos que avivan el conflicto armado y que requieren de una solución concertada a través del diálogo si queremos una paz estable y duradera
Lo grave es que a lo anterior se ha agregado la presencia de varios grupos delincuenciales, entre ellos el más conocido llamado Clan del Golfo, que ávidos de la riqueza fácil por la disputa y el dominio en la siembra y explotación de la coca están causando daño y terror entre la población en varias zonas del territorio nacional, contando con el respaldo y apoyo de varios políticos con nexos y vínculos con el narcotráfico.
En esas condiciones y frente a esa realidad, la única verdad es que Colombia requiere de un cambio que con engaños y mentiras se niegan a aceptar los malquerientes opositores al presidente Petro, en forma sucia, terca y obstinada a través de los medios o, también durante el trámite de las distintas reformas presentadas al Congreso, como han sido las referentes a la Salud. el Trabajo, la Educación y las Pensiones.
De ahí el llamado generoso y conciliador del Presidente en la pasada instalación del Congreso, no solo para que lo acompañen en su propósito de conseguir la paz, sino igualmente en su vehemente deseo de alcanzar la justicia social lo cual sólo es posible en la medida en que se le ponga término a la exclusión y a la pobreza extrema, mediante los distintos mecanismos de progreso y desarrollo, entre ellos talvez el más importante, el de la reforma agraria que le permita a los gobiernos en lo sucesivo el reparto equitativo al sector campesino de tres (3) millones de hectáreas de tierras baldías e inexplotadas, a lo que se comprometió solemnemente el presidente Santos ante el Consejo de Seguridad de la ONU en su Declaración Unilateral de Estado al suscribir el Acuerdo de Paz con las FARC y de las cuales nuestro actual mandatario ya ha logrado repartir solamente doscientas mil (200.000) teniendo que recurrir, por carecer de instrumentos legales, a la compra a particulares, Conforme con lo anterior, ¿no es acaso una verdad que vivir en paz, en comunidad y en armonía es un necesidad cierta e irrefutable que no admite duda? y ¿no fue entonces una mentira hacerle creer a la mayoría de colombianos a través de un plebiscito, que lo que se pretendía con el acuerdo de paz suscrito con las FARC no era otra cosa distinta que entregarle el dominio del país a la guerrilla y que por eso había que “volverlo trizas”? ¿Habrase visto semejante engaño?.
Uno de tantos del famoso y estorboso personaje de marras igualmente, también es una verdad, que la paz total no es posible mientras no se combatan las causas que dan origen al delito y la violencia, como son la inconformidad por la carencia de oportunidades fruto de la exclusión y la desigualdad.
Es por ello que el presidente Petro está tratando de cerrar esa brecha, no sólo con las reformas presentadas sino con lo que por ley ha logrado tener a su alcance, con satisfactorios resultados de orden económico y social como son entre otras, de una parte, la disminución del desempleo y la pobreza, mediante la creación de incentivos al trabajador y el aporte de tierras al sector campesino para el mejoramiento de la producción; el fomento al turismo, que últimamente ocupó el segundo lugar en la entrada de divisas al país; la considerable disminución de la inflación que según palabras del presidente del Banco de la República ha sido la más baja en un periodo de cien (100) años; y, para finalizar, la educación gratuita en el sector oficial.
Pero será que todo lo que afirmo en esta columna ¿ es una mentira o un engaño como acostumbra la oposición?

