Riqueza y desigualdad

Editorial

Desde la aparición del hombre sobre la tierra éste ha buscado siempre en forma individual o de manera asociada, tribal o colectiva imponer su dominio y superioridad a sus semejantes, por lo regular sobre los más débiles, recurriendo a la fuerza, cuando no al fraude, la mentira o el engaño, para así despojarlos de sus bienes y pertenencias y con ello obtener o acrecentar su riqueza y poderío, ahondando con ello la desigualdad o inferioridad y siendo esa la forma de conquista como nacieron los pueblos y naciones, según los relatos bíblicos y la propia historia de la humanidad en cualquiera de sus diversas razas.

En Colombia todo comenzó con el descubrimiento de América en 1.492, a partir de lo cual centenares de españoles, portugueses, ingleses y franceses ingresaron a territorios hasta entonces desconocidos, unos por el Centro y otros por el Sur o por el Norte y, para conquistarlos y someterlos bajo su dominio se vieron obligados en muchos casos a utilizar la fuerza y las armas contra las numerosas tribus de aborígenes que de tiempo inmemorial habitaban esas tierras.

Cumplido lo expresado se dio inicio a la construcción de pueblos y ciudades y con ello a una nueva etapa llamada de colonización que contó en gran parte con el trabajo de indígenas y luego, desde los comienzos del Siglo XVI, de esclavos negros procedentes del África.

En ese orden, fue desde entonces de tal magnitud el ingreso a Colombia de la esclavitud por Cartagena, que ya en 1.780 la población negra ocupaba el 8% de sus habitantes y en Santa Marta, puerto de menor importancia, un 10%, resultando a su vez tan lucrativa su comercialización o importante su tenencia que por mucho tiempo se convirtió, no solo en fuente de riqueza sino también en símbolo de opulencia, dando estatus a quien mayor número de esclavos poseyera, situación que como era de esperarse, duró hasta cuando el Congreso en el Gobierno de José Hilario López expidió en mayo de 1.851 la Ley que ordenó la libertad de los esclavos a partir del 1º de enero de 1.852.

Sin embargo, como suele ocurrir, no faltaron quienes se opusieran a que los negros, sus sirvientes, muchos tratados como animales, quedaren libres pues eran parte de su riqueza, dando lugar con ello al estallido de una insurrección en Cauca, Pasto y Antioquia, comandada por novatos líderes conservadores que por fortuna fueron controlados y derrotados por sus rivales del partido liberal, luego de cuatro (4) meses de enconada controversia.

Lo anterior nos indica que con la conquista, la colonización y el ingreso de esclavos se produjo una mezcla de razas entre hombres y mujeres venidos del viejo mundo con las comunidades indígenas que habitaban los territorios de América y con los negros esclavos procedentes del África, dando lugar a criollos, mulatos y mestizos, que mal podrían ser considerados portadores de sangre azul o de abolengos,  como algunos lo pregonan y pretenden, pero sí de ser los protagonistas de la independencia americana, no tanto por su anhelo de libertad, sino en gran medida, por impedírseles compartir los privilegios y prerrogativas de los gobernantes foráneos, lo que a la postre habría de significar abrirle las puertas a la lucha por la riqueza a la par de la desigualdad.

Cuando se habla entonces de riqueza obligadamente tenemos que hacer mención de la pobreza o de la desigualdad. es decir de lo contrario de cada concepto, siendo en tal sentido lo ideal que exista una justa proporción y que entre mayor sea la riqueza de un país,  menor sea su pobreza o que al menos ésta no revista un carácter tan extremo que el gobernante de turno no alcance a suministrarle a sus gobe5rnados que la padecen la satisfacción de sus básicas necesidades como son la alimentación, su vivienda y educación,  por preferir y darle prelación a los dueños del capital, bajo el manido y equivocado pretexto de abrirle a los pobres nuevas fuentes de trabajo..

La referida desigualdad puede entenderse también como una condición propia del ser humano y aún del reino animal, pues siempre habrá seres, unos más fuertes que otros, más ricos o poderosos, más cultos o menos educados o con características distintas que los hacen desiguales.

De todas formas, no sobra aclarar, que no es esa la desigualdad que ha tenido connotación política, se trata es de la que surge del desequilibrio en la igualdad de derechos que tienen todos los seres humanos, cualquiera que fuere su condición social, cuando se les violan o no se les otorga o suministra por quienes ostentan el poder y la autoridad, de manera eficiente para una subsistencia digna.

De ahí, que el partido liberal desde su creación, en el gobierno de José Hilario López abanderó la idea de la lucha contra esa clase de desigualdad, lo que en parte se logró en los gobiernos de Olaya Herrera, con la Ley 28 de 1,932 que le otorgó la capacidad jurídica a la mujer igualando la del hombre y, en el de López Pumarejo en 1.936 con la Ley de Tierras, a favor del sector campesino en desarrollo de su programa la Revolución en Marcha y, parte también durante el mandato de Carlos Lleras Restrepo.

Esa lucha contra la desigualdad y por una justicia social fue propia del liberalismo. en el Congreso y en diversos escenarios y por la que muchos han ofrendado su vida, entre ellos su máximo líder Jorge Eliecer Gaitán, pero que lamentablemente ese partido abandonó por sus alianzas con la ultraderecha, bajo la jefatura desde hace más de 20 años del expresidente Cesar Gaviria y quien, para colmo de equívocos, el pasado 1º de noviembre fue reelegido en medio de una vergonzosa y cuestionada Convención.

Por fortuna el hoy Presidente Gustavo Petro Urrego con su política social de izquierda, ceñida democráticamente a la ley y a la Constitución, continúa realizando, por encima de una oposición torpe y renuente, el CAMBIO  y la transformación que espera la gran mayoría de colombianos.

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