En anteriores artículos me he referido a la urgencia de que se convoque la convención conservadora para que se le de al partido una organización legitima y con autoridad plena. Hacer el reglamentario relevo de los órganos jerárquicos, determinar los derroteros a seguir en un momento de tan trascendental coyuntural como la que afronta el país. Hace meses que vengo reclamando de las directivas de mi partido una posición clara y firme frente a las políticas del actual gobierno. No podemos mantener postura ambivalente, se avecina una confrontación electoral y debemos saber quienes van a seguir asumiendo el papel de lentejos y quienes van a hacer parte de la coalición que enfrentará el fracasado gobierno del cambio. El resultado de la pasada convención del partido liberal nos sirve de ejemplo sobre cuál debe ser el rumbo a seguir. Es necesario que el partido conservador asuma la iniciativa y se convierta en protagonista, dejando de marchar al remolque de los acontecimientos. El partido conservador debe denunciar la explotación de la industria política del odio y a quienes persisten en obstruir la reconciliación con rencorosas consignas clasistas. Debemos recobrar la vigencia de la ley y perseguir cualquier instinto criminal e impedir que el hampa cada día más desbordada, intente dignificarse con pretextos políticos para justificar sus atrocidades contra la población civil.
El propósito de los conductores conservadores es el de proveerle al partido de un ordenamiento jerárquico ágil que le permita trazar una política que esté en consonancia con los nuevos hechos nacionales.
Aspiro como conservador de a pie, a que se restablezca el orden legitimo del partido y se convoque a la máxima autoridad que es la convención nacional, para que entre todos aportemos, y que la voluntad expresada democráticamente sea el origen de la nueva estructura jerárquica.
Posdata: La muerte de Héctor Dechene Borrero determina el cierre de un ciclo en la política conservadora, en la que primó la auténtica vocación de servicio por parte de quienes pertenecieron a esa generación. Hombres que defendieron por igual los valores democráticos, sin conceder tregua ninguna a la lucha contra la corrupción en el ejercicio de la administración pública.

