Bastó y fue suficiente que Gustavo Petro Urrego, el 19 de junio de 2022, ratificara su triunfo, en segunda vuelta, como nuevo Presidente de Colombia, para que de inmediato los políticos del viejo establecimiento, resentidos e inconformes con la derrota, cargaran sus baterías de odio y de retaliación para intentar combatirlo y oponerse a su mandato con mentiras y engaños, a través de los medios escritos y orales, entre otros El Tiempo, El Espectador, la revista Semana y los canales de radio y televisión Caracol y RCN, que habían adquirido sus aliados, los grandes empresarios del país, cuyas riquezas las han alcanzado, gran parte, por las múltiples prerrogativas recibidas de gobiernos anteriores, cuando no de negocios corruptos o de dineros provenientes del narcotráfico.
Semejante estrategia de la oposición solo ha servido para disminuir la adhesión de algunos, en especial la de aquellos que se precian de ser indiferentes a la política, bien porque viven en su zona de confort y no aceptan que algo los perturbe o también porque les cuesta trabajo pensar y se dejan llevar por todo lo que leen y escuchan en los medios tradicionales de información, sin discernimiento o discusión alguna, al igual que ocurre con las señoronas en sus costureros o con aquellas finas damas que se niegan a cambiar y siguen aferradas a sus ídolos caídos.
En tal sentido, lo triste y lamentable es que son muchos los ciudadanos del común y los campesinos del sector rural, al menos los del centro del país y nó los de la Colombia profunda, como suele llamarse a los territorios que tradicionalmente venían siendo abandonados, quienes, por estar familiarizados, los unos con los referidos medios de información y los otros seguro por el influjo frustrante de promesas incumplidas, prefieren darle crédito a la mentira y al engaño, a pesar de ser éstos paradójicamente los que más se pueden beneficiar del actual gobierno con sus programas en materia laboral, en educación gratuita y en salud eficiente y oportuna o, con su política agraria de entrega y restitución de tierras, acompañada de una adecuada asesoría para su desarrollo alimenticio y agroindustrial.
Así mismo. hoy las Redes Sociales por estar al alcance de numerosas personas, constituyen a través del teléfono celular un eficaz instrumento de libre utilización, bien como canal de información de la verdad o bien como el conducto apropiado para expresar ideas o mentiras, que pueden complementarse y ser o nó aceptadas mediante respuesta a favor o en contra de sus lectores. Lo grave de esto es el constante abuso, sin control ni sanción alguna, por parte de vulgares sujetos opositores del gobierno, que agreden impunemente con toda clase de epítetos y agravios a los usuarios de esas redes en forma impune, sin sanción alguna, entre éstos especialmente al Presidente Petro, por sus frecuentes informes, a través de esos medios, de los logros alcanzados con su política de cambio.
De todas formas, si se quiere contrarrestar la mentira en la difusión de la noticia o del engaño, que se logra a través del comentario acomodado de la verdad en contra de las obras del actual gobierno por parte de los medios al servicio de la oposición, lo más indicado y apropiado sería contratar publicidad oficial pagada y obligatoria para desmentirlos en los
mismos espacios que éstos utilizan.
Es tal el descaro y tan sucia la actividad de los referidos medios que se atreven a negar hechos de corrupción ya comprobados o, al menos, cuando les es imposible rebatirlos, buscan la forma de dar y acomodar un informe o respuesta justificativa de los hechos para confundir de esa manera a sus oyentes o lectores.
Lo anterior, es lo que igualmente ha ocurrido con las denuncias del Presidente Gustavo Petro cuando siendo Senador logró e hizo posible que varios parlamentarios fueren procesados y encarcelados por sus alianzas con el paramilitarismo y el narcotráfico y, de igual manera a funcionarios de la Presidencia y del DAS, por las chuzadas a magistrados de la Corte Suprema, durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
Que decir también además de la forma como ha desenmascarado el comportamiento de Uribe. no obstante el ocultamiento de los medios, primero como Director de la Aeronáutica Civil, al autorizar al narcotráfico la construcción de pistas de aterrizaje y por tanto de vuelos nacionales e internacionales para el transporte de la cocaína y, después, ya siendo Gobernador de Antioquia, su inocultable alianza con el paramilitarismo al crear las Convivir y actuar oficialmente conjuntamente con este en la supuesta persecución de la guerrilla y dar muerte a innumerables campesinos inocentes, especialmente en las masacres del Aro y la Granja y con el asesinato del líder y defensor de los derechos humanos Jesús María Ovalle, todo ello como una especie de anticipo a los llamados falsos positivos que ya más tarde en el ejercicio de la Presidencia habría de ordenar o al menos consentir, en el fracasado programa de su cacareada Seguridad Nacional.
Pero lo más absurdo e increíble es que habiendo sido declaradas tales masacres y ese asesinato delitos de lesa humanidad desde el 31 de mayo de 2018 ningún juez o magistrado se ha pronunciado, lo que revela sin duda alguna la impunidad manifiesta de una justicia politizada y genuflexa, donde el odio y el fanatismo se mimetizan bajo la toga de sus funcionarios.
Al igual que lo anterior, lo mismo podría afirmarse ante las graves sindicaciones contra los ex fiscales Néstor Humberto Martínez y Francisco Barbosa o al expresidente Iván Duque, entre otras, por su encubrimiento en la pérdida de $70.000 millones que fueron entregados por la exministra del TIC Karen Abudinen para dotar de internet a las escuelas en 16 Departamentos del país, todo ello, sin contar con lo de Odebrecht o lo del Software Pegasus que merece capítulo aparte.

