Se va el 2024, tortuoso año que soportó, guerras atroces, como la de Israel contra Palestina, cruentas como la de Rusia – Ucrania, amenazas de aumento de conflictos en todo el mundo, violaciones de derechos básicos, tragedias naturales, hambruna que arropó toda la tierra, emigrantes que, asolados por la injusticia, buscan nuevas posibilidades de supervivencia en tierras extrañas. Fueron hechos que desnudaron la miseria humana y puso sobre el tapete la verdadera catadura de los habitantes de este planeta en el que se sobrepuso la sordidez, la mezquindad, la codicia, el egoísmo y la indecencia, a la solidaridad, la cordura, la sensatez y el amor al prójimo.
Volvió, repetimos la avaricia, la codicia, la mezquindad a mostrarse en todo su esplendor, soportada en mandantes indolentes que ensalzados y presionados, a su vez, por los grandes magnates llenos de codicia, egoísmo y ruindad, indican que lo que vale es el poder del dinero, el de aterrorizar, amenazar, arrasar y de paso atesorar, sin pensar que la existencia no es eterna y que nada de lo que se acopie se podrá llevar una vez sean declarados difuntos.
Para nuestro terruño, la realidad no es otra, fue la excusa perfecta para que los recién instalados en los cargos de elección popular, demostraran su incapacidad, su nula acción administrativa para resolver con obras con los dineros del fisco, presuntamente para los menos favorecidos de la fortuna, recursos oficiales que solo sirven para amparar a un escuadrón de contratistas malandrines que hacen su agosto con sobrecostos que nadie investiga, porque entre bomberos no se pisan la manguera. Se podrá decir como en la canción que: “yo no olvido el año viejo” pero no por lo bueno que deja, sino por la inequidad y la falta de moral de esa clase dirigente, que maltrata la honestidad, porque ser honesto ya no sirve ni siquiera para impartir justicia porque también en este año esa justicia sigue tan corrupta como siempre.
Llega el fin del 2024 y la deuda de la dirigencia en el Tolima con la región es enorme y con Ibagué, sí que es cierto. Y caen todos; empresarios, políticos, funcionarios, gremios, porque la realidad no puede ser más dura. Un Departamento, y su capital, que poseen colosal riqueza, están sumidos en el más sombrío abandono, con el mayor índice de desempleo del país, deterioro total de sus pocas vías, tanto rurales como urbanas, pésima y cara prestación de servicios públicos, es la exposición palpable de la incapacidad de sus aludidos líderes. Y es que esa clase dirigente envejeció y se corrompió. La gran mayoría no fue capaz de marcar una línea de transparencia que guiara a la nueva generación, porque ellos nunca la tuvieron y los partidos tradicionales se agrietaron, originando la aparición de mandos que entendieron que lo único que hay que buscar es el triunfo para poner en ejercicio su cerebro ladrón y aprovechar las componendas que se ofrecen en los despachos oficiales a cambio de apoyos.
La era de los hermanos Jaramillo Martínez, los Martínez Rosales y los García Orjuela, concluyó. Están en furor, la Familia Barreto, acomodada en los cargos de importancia del departamento y en la casi totalidad de municipios del Tolima y; desde luego, la familia Hurtado en Ibagué, con un poder que nos trazó hace cuatro años y que tendremos que seguir transitando por un camino lleno de espinas durante otros cuatro, porque el mangoneo de ese régimen agudizará, aún más, el malgasto de recursos, los escándalos de la contratación y la politización de las actividades administrativas en general.
Se acerca el fin de un difícil año. Ya casi termina el 2024 y las vías terciarias y secundarias siguen siendo, tortuosos caminos de herradura pese a la cantidad de millones que ahora se emplean para recuperar un solo kilómetro, el sector agrícola sigue en el mar de promesas que se conocen desde hace eternidades de años; la educación es una de las de más baja calidad del país, los hospitales siguen siendo un oscuro negocio de gobernantes y gerentes, como ha sido denunciado con el Federico Lleras y el San Francisco; los sistemas de acueducto y alcantarillado, siguen en eternos estudios que consumen una millonada mientras la gente toma agua contaminada. Los políticos solo quieren poder y votos, los gremios, que no generan nada, los apoyan porque solo le apuestan a las gabelas y rebajas de impuestos. Los aspirantes apoyan la maquinaria porque anhelan una oportunidad de trabajo y el pueblo raso sigue defendiéndose como puede sin esperanzas de nada porque solo palabras reciben y una que otra palmadita en la espalda. Con tan poco se conforman.
Seguimos en espera. Se publicaron cambios que no llegan y ni siquiera se avizoran. Los Senadores (4 que dicen ser tolimenses) y los 6 Representantes en el congreso deben ser visibles, serios, analíticos, conocedores de los verdaderos problemas regionales y con suficiente capacidad de intervención ante los poderes centrales del Estado. Los diputados y concejales no pueden seguir siendo marionetas del ejecutivo por el simple hecho de lograr unos puesticos y uno que otro contrato con favorecimiento personal y la masa electora debe ser exigente, severa, rigurosa, beligerante con los elegidos y los nombrados pues al fin y al cabo sin su voto no, serian nadie.
Con el anterior desconcertante inventario de inacciones y desaciertos Actualidad Tolimense despide esta calenda del 2024 y le desea a sus lectores, suscriptores y anunciadores una feliz Navidad y un nuevo año impregnado de la paz total para este país de la belleza

