Un año más y seguiremos los mismos con las mismas

Editorial

Se fue   el 2023, se fue un año más y la situación para los tolimenses y especialmente para los ibaguereños, no cambió. Podríamos incluso manifestar que empeoró. Es lamentable, pero desde la exitosa alcaldía de Francisco José Peñaloza, llevamos ya 30 años de estancamiento y retroceso que se maquillan un poco con las obras de ampliación a doble calzada de la vías nacionales que obligadamente tienen que pasar de oriente a occidente, enlazando el corredor integrado por  poblaciones como Melgar-Flandez-Espinal-Ibagué-Cajamarca, así como el  que une a Melgar-Espinal-Guamo-Saldaña-Natagaima-Neiva,  obras que en vez de desarrollar,  aíslan las poblaciones.

El diputado Carlos Reyes destapó lo que deja tras de sí el gobernador, Ricardo Orozco. Sin medias tintas, Reyes señaló los ‘elefantes blancos’ que adornan el paisaje tolimense  de promesas incumplidas  hechas por Orozco en la región:  La vía Ibagué-Rovira, un proyecto que hizo nuevos ricos, pues devoró  más de  77 mil millones de pesos para escasos 24 kilómetros de asfalto, sigue sin ver la luz al final del túnel, dejando a los rovirenses  con una carretera a medio construir. Caso similar se registra con las vías Líbano-Santa Teresa y Palobayo-Ambalema, otra de las promesas incumplidas que se suma al desfile de obras inconclusas que quedan como testigos mudos de la gestión de Orozco.

Quedó al desnudo la falta de cofinanciación del gobierno nacional, el de Duque,  un aliado que brilló por su ausencia por carencia de gestión y la distribución desigual de recursos, donde el sur del Tolima,  sin nada que mostrar, se llevó la tajada más grande, dejando al oriente condenado al olvido y al norte con migajas de inversión. El manejo de los hospitales tampoco escapó al desorden administrativo, ya que la gestión del mandatario seccional se desbordó en gastos superfluos y politiquería, dejando a la salud en segundo plano. Las obras de infraestructura, lejos de ser la excepción, se suman a la lista de ‘elefantes blancos’ que parecen haber hecho del Tolima un campo de promesas rotas y ni hablar de la educación.

El panorama de la Fábrica de Licores que cambió drásticamente bajo la administración de Orozco, pero no para bien, es sombrío ya que decidió abrir fronteras para la comercialización de licores foráneos   en el departamento, desafiando olímpicamente  la ley que exige un estudio previo para tal medida. Se denunció, que el monopolio del aguardiente  en el Tolima estaba siendo desmantelado sin el respaldo de un juicioso estudio que evaluara los impactos financieros y comerciales en la región. Nombres como Néctar, Antioqueño, Amarillo, entre otros, ahora compiten en un terreno que antes pertenecía exclusivamente al aguardiente Tapa Roja, lo que obliga a la próxima gobernadora Adriana Magali Matiz, a revisar y evaluar la decisión de la administración saliente, ya  que se evidencia  falta de transparencia en la gestión de Orozco al no presentar la tesis que respaldara la apertura de fronteras y,  aunque se reconoce la posibilidad de ingresos adicionales con más licores en el mercado, se alerta sobre las consecuencias de abrir la fabricación, lo cual podría comprometer aún más la posición de la Fábrica de Licores. Preocupa  también la supervivencia futura de nuestra licorera , que ha pasado a  vender la irrisoria cifra de 800 mil botellas año.

En lo que respecta a la capital tolimense, también se nota el deterioro de una ciudad  en la que se han prometido toda clase de obras que no se ven, que no se concretan, que el Bulevar de la Brisas, que el de la Avenida Quinta,  que el de la Calle 14 o Calle bonita, que el del canal de Mirolindo,  que el Acueducto Alterno, que escenarios deportivos, El Centro Regional de Atención a las Víctimas,  que ayudaría a más de 70 mil personas afectadas por el conflicto armado en el Tolima; Instituciones educativas abandonadas hace años como el colegio Santofimio ubicado en la carrera cuarta con calle 30 treinta; el emblemático Parque Centenario con una Concha Acústica que fue abandonada para proteger los intereses de un suministrador de  logística que convirtió la Plaza Manuel Murillo Toro en su sede de negocios: calles sin semáforos y rotas;  andenes destrozados o invadidos por negocios que impíden su uso para el peatón; zonas verdes convertidas en basureros y el centro de la ciudad desordenado, deteriorado, sucio, invadido, por toda clase de ventorrillos,  es lo que nos deja este 2023 con el agravante de no ver una luz al final del túnel, porque todo hace presagiar que seguiremos con los mismos y en las  mismas.

Termina el 2023 y en medio de tanta desazón que nos causa este inventario negativo de la inacción de nuestros gobernantes, no podemos menos que desear a los ibaguereños y tolimenses, a nuestros lectores y anunciantes, una feliz Navidad y un venturoso Año nuevo.

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