Algo nunca pensado, se presentó en el Tolima. Luego de años de crisis, se llegó a la conclusión de que, el otrora glorioso partido Liberal, se quedó sin jefes luego del desvanecimiento de quienes disfrutaron de la colectividad en Senado, Cámara, Asamblea, Concejos, Alcaldías y altos cargos en el ámbito, nacional departamental y local. Algunos por viejos y otros por falta de capacidad y liderazgo, permitieron el deslizamiento de la colectividad a otros linderos. Y la renuncia de Mauricio Jaramillo Martínez justificada por demás, al reconocer que, en manos de su actual, dirección ha dejado de ser el “partido del pueblo” para convertirse en una organización que no respalda con contundencia las reformas sociales que el país necesita y desnuda aún más esa orfandad al notar como los antes “involtiables” rojos, están en el barretismo y el uribismo, es decir que no eran tan firmes como pregonaban y el rojo se destiño de tal forma que se convirtió en rosado.
Y en el Conservatismo la cosa está peor. Luego de la ausencia de Neira, Angulo y Pava, desaparecieron los bravos de otras épocas, y los que quedaron se convirtieron en mansas ovejas que transitan cual rebaño hambriento de la necesidad de los cargos públicos y los contratos de poca monta. Es tan triste la situación de los azules, que hasta sus sedes tradicionales se perdieron. Una, la de Neira, es ahora asiento de una bodega; la Casa de Angulo, en la calle octava con carrera segunda, ahora es el refugio de los hermanos Andrade (Hernán y Esperanza) que desterrados de su natal Huila, se apoderaron de la sede en forma leonina. Y la tradicional casa del partido en la Séptima, es ahora una cafetería que nadie sabe de quien es, ni cuanto paga de arrendamiento y el trono de unos invisibles concejales que dicen ser ya los dueños de ese patrimonio del otrora gran partido de Caro y Ospina.


