-¿Qué pensará Dios del Coliseo Mayor del Parque Deportivo que dejó Andrés Hurtado? De entrada, probablemente le reprocharía por violar el 2º mandamiento: “No tomarás el nombre de Dios en vano”.
En lo que muchos interpretan como un gesto de oportunismo religioso, Hurtado decidió bautizar el escenario con el ostentoso nombre de ‘La Fe en Dios’, justo antes de dejar el cargo. Un acto más simbólico que valioso, porque lo que construyó fue, un coliseo con goteras celestiales. Un año después de su inauguración, las deficiencias son evidentes. En cada aguacero con tormenta, el escenario de $43.000 millones termina convertido en una piscina no planificada.
Muchos usuarios no se han guardado los comentarios: dicen que el coliseo no parece un escenario deportivo sino una carpa de circo. Pero, siendo justos, hasta los dueños de los circos tienen más criterio técnico. Ellos saben que la lona debe llegar hasta el suelo, para impedir el ingreso del agua. Aquí, en cambio, se optó por templar una costosa cubierta, supuestamente importada de Italia, que luce bien en las fotos, pero que soporta el calor como un invernadero y el agua como un colador. Para completar el despropósito, ni Hurtado ni sus asesores contemplaron la necesidad de construir un coliseo cerrado e insonorizado, que respetara el hábitat de la fauna del Parque Deportivo y protegiera la tranquilidad de los residentes del sector.
Nada de eso importó. El objetivo era claro: contratar, ejecutar, inaugurar y posar para la foto. Todo bajo el manto cómplice de la Secretaría de Infraestructura de Ibagué, dependencia que, entre 2020 y 2023, dejó un historial de obras fallidas, sobrecostos y negligencia técnica que aún no conoce la fiscalía. Y aunque el coliseo cuenta, en el papel, con un diseño moderno, superficie reglamentaria de 1.188 m² y capacidad para 5.800 personas (ampliable a 6.500), además de camerinos, salas de prensa, enfermería y backstage, nada sirve si el escenario se inunda o arde como un horno cuando el clima lo exige.
Así que sí, este podría ser un coliseo digno de recibir eventos… pero también es, por ahora, el mejor ejemplo de cómo el nombre de Dios puede ser utilizado para tapar obras terrenales mal hechas y de cómo el séptimo mandamiento “no robarás” parece haber sido ignorado, con la misma facilidad con la que se firmaron los contratos en la administración Hurtado.

