¿Puede surgir el neoprogresismo ilustrado y moderno tolimense? Claro, existe la plataforma ideológica para informarlo y consolidarlo, el regionalismo.
Sustentaré la iniciativa de fundar el neoprogresismo tolimense que habrá de reconstruir al Tolima, empezando por resumir las anormalidades expuestas en los anteriores artículos, de hecho, consistentes y difíciles de negar. Allí se señaló que la política era lugar alegórico para idear, acordar y gestionar progreso y que ello no excluía a los gremios, la organización social, la educación y más sectores, que, con derroteros correctos, pueden legitimarla para superar el síndrome electorero. Cité, de Erich Fromm, que “lo normal es sinónimo de lo que funciona y que, sin embargo, el simple acomodo de los individuos a un sistema social no garantiza la normalidad”, para aseverar que los tolimenses cohabitamos con numerosas anormalidades. Apoyado en indicadores del PNUD y el IPAD, exponía una cruda verdad: el Tolima es una de las regiones más desiguales del tercer país más desigual del planeta.
Se indicó que en la política no existe ideología y que por ello los partidos, que son ancla del statu quo, y “la militancia partidista”, perviven por avales y puestos (clientelismo espurio), que, en el Tolima, la pseudo política revela un alto grado de abyección, como el saqueo de los erarios, la pequeña politiquería, clientelista y artera y la alianza con sectores retrógrados del orden sociopolítico y económico del país.
También se dijo que, en el Tolima, la pseudo política engendra el pseudo progresismo, porque sus regidores, aún no contaminados de la cleptomanía, no encaran las causas del atraso sino sus efectos, con una narrativa sin médula ideológica y militando en partidos ideofóbicos, autocráticos y anacrónicos, tiranizados por un caciquismo individualista, gamonalesco y carente de ideas de cambio y democracia.
Si la gente de pensamiento libre y no contagiada de la obsolescente y decadente politiquería reconociera como ciertas e inadmisibles estas y más anormalidades, implícitamente estaría reconociendo la inaplazable obligación de reinventar la política tolimense, que, a mi juicio, debe matricularse en la escuela del pensamiento regionalista que, de suyo, y por entender la descentralización desde la perspectiva del país de regiones, privilegia la construcción de región autonómica, pues así se construye el progreso nacional.
En el Tolima esta tesis ni se tantea, pues la mentalidad actual la rechaza, por estar alienada por la ortodoxia excluyente, plutocrática y economicista y por el partidismo anacrónico y meramente electorero.
¿Puede surgir el neoprogresismo ilustrado y moderno tolimense? Claro, existe la plataforma ideológica para informarlo y consolidarlo, el regionalismo. Pero no surgirá si nuestra cultura política ignora tres principios: Uno, el desarrollo del Tolima es prioridad, atrás se arguyó el porqué.
Dos, la genuina política atañe a todos, no solo a los políticos; en la época inaugural del clientelismo, un personaje alegaba que el empresario no debía hacer política y el político no debía hacer empresa, tesis propia de la politiquería y la plutocracia para que unos pocos se lucren y beneficien, mientras el bien común cae en el ostracismo. Tres. Por encima de la discrepancia nacional, debe existir unidad tolimense para alcanzar el progreso. Continúa…
