In memoriam:

Sin categoría

Miguel Viana Patiño (1932 – 2025)

Miguel Viana Patiño

Nacido en el Municipio de Armero, Tolima, por el año de 1932, fue el primogénito del matrimonio entre don Demetrio Viana y doña Bernarda Patiño; nieto de don Juan Clímaco Viana y doña Policarpa Leal; y bisnieto de don Norberto Viana y doña Tomasa Monzón, siendo este último, hijo del doctor don Antonio Viana y de su esposa doña Anselma Armero, natural de la villa de San Bartolomé de Honda,  destacado caudillo político y prócer de la Independencia, quien fuera entre 1794-1810, alcalde ordinario de Honda, teniente de gobernador en las provincias de Mariquita, Antioquia, Santa Marta y gobernador de Antioquia, y entre 1811-1830, consejero de estado adjunto de Cundinamarca, sub-presidente, comandante de armas y gobernador de la provincia de Mariquita, auditor de guerra en Casanare y coronel comandante del Ejército Libertador, ministro y presidente de la Alta Corte de Justicia del Gobierno del Centro y senador de la República de Colombia; todos ellos, miembros de las principales familias del antiguo septentrión mariquiteño.

Su bisabuelo Norberto, fue jefe político y militar en el Cantón Norte de la provincia de Mariquita, empresario agrícola, ganadero y minero, propietario de la hacienda La Reforma, hermano del general Mateo Viana Armero, “El Benemérito”, dueño de las haciendas de San Felipe, Buen Retiro y La Unión, y a la postre, gobernador de la provincia de Mariquita, comandante de armas y tercer designado de la presidencia del Estado Soberano del Tolima; su abuelo don Juan Clímaco y su padre don Demetrio, fueron a su vez, consagrados caudillos conservadores, servidores públicos, empresarios y terratenientes en el antiguo distrito de Guayabal, y al erigirse el corregimiento de San Lorenzo, luego Armero, de los primeros pobladores, corregidores y alcaldes de esta nueva cabecera municipal.

Residenciado con su familia en la ciudad de Ibagué a finales de los años cuarenta del pasado siglo XX, estudió en el Colegio de San Simón y después en el Colegio Tolimense, graduándose bachiller académico, pasó luego a la ciudad de Bogotá para cursar en la Universidad Libre la carrera de Derecho donde obtuvo su titulación de abogado tras presentar y sustentar su tesis La Responsabilidad Civil.

A mediados de los agitados años sesenta, inició su práctica profesional e hizo carrera gubernativa en las ramas judicial y ejecutiva, desempeñando los cargos de juez y procurador en los distritos judiciales de Fusagasugá, Bogotá y Medellín; en los años setenta, ocupó los altos cargos burocráticos de secretario general, procurador delegado para la vigilancia administrativa de la Procuraduría General de la Nación y secretario general de los Ferrocarriles Nacionales; durante las décadas ochenta y noventa, fue asignado secretario general del Ministerio de Educación y Ministerio de Salud, jefe de la división de investigaciones de la Contraloría General, secretario de gobierno y gobernador encargado del Departamento del  Tolima, vicepresidente de la Empresa de Teléfonos de Bogotá ETB, y finalmente, magistrado de la sección quinta del Consejo de Estado de la República, cargo que desempeñó hasta su jubilación. Posterior a su retiro del servicio al Estado, y durante más de una década, tuvo su despacho de abogado en el edificio de la Cámara de Comercio de Ibagué, ciudad donde falleció el día 5 de septiembre de 2025.

Su prosapia histórica,  formación académica e intelectual, carrera política y gubernativa durante más de cincuenta años, forjaron a un caballero cumplido, de centrada ideología conservadora y devota fe católica, de altos principios éticos y refinados modales, de sobria elegancia y de un temperamento inusualmente apacible y jovial, a un jurista respetable, ilustrado y metódico, eminentemente civilista, con amplias facultades en el ejercicio del gobierno y lo contencioso administrativo, a un hombre público mesurado y a un humanista moderno con vastos conocimientos en diversas disciplinas del derecho, las ciencias sociales, las artes y la cultura universal, en suma, un ciudadano del mundo y viajero incansable de la vida. El amor le dio luz y guía para convertirlo en un ser íntegro en todas las dimensiones de su prolongada existencia, en un hijo y hermano excepcional, en un amigo incondicional y en un adorado padre de familia, siendo su principal y más acendrado legado material y espiritual.

De la rama familiar Viana Patiño, proceden sus hermanos Rafael (fallecido con sus padres en Armero), Juan, Julio, Luis y Polita. De su rama familiar, le suceden: su esposa Leticia Giraldo, y sus hijos, María del Pilar, Mónica, Francisco, Luis Miguel y María Alejandra, sus nietos, Daniela, Laura, Camilo, Sofía, Juan Pablo, Nicolás y Salomé, y bisnieta, María Belén.

Al recordar aquí el genio y figura emblemática de Miguel Viana Patiño, reviven y hacen presencia manifiesta estas sentidas palabras que escribiera en homenaje a sus amados muertos y a la desaparecida población de Armero el día 13 de noviembre de 1995, cumplidos diez años de la tragedia:

“(…) Erguido solitario en mitad de tu plaza, la de los Fundadores, mudo en mi tristeza y dolor, quise recorrer con el pensamiento y reconstruir en mi interior, la tragedia de tu gente; vivir los sucesos de aquella noche luctuosa y cruel; escuchar el estruendo ensordecedor de la avalancha; presenciar su devastador paso por la tierra querida como un siniestro Dios de muerte devorando montañas, árboles milenarios, hombres y animales; sentir en el ambiente cómo viviendas y edificios se derrumbaban estrepitosamente segando vidas, arrebatando niños de los brazos estremecidos de sus madres y separando familias y amantes clandestinos en afán insaciable de aniquilamiento. 

Imaginé la angustia impotente de las gentes, sus ruegos y lamentos y la sorda indiferencia de quienes afanosos y veloces abandonaban la ciudad precipitadamente sin escucharlos ni atenderlos. Escuché los gritos de dolor y desolación, las invocaciones y plegarias y también las imprecaciones y maldiciones que se iban apagando lentamente ahogadas por el fragor de la tormenta. Oí, por fin, cesar el ruido ominoso de la tempestad y el mugido lastimero del viento en el ambiente sobrecogedor de la tragedia cuando ya era todo desolación y ruinas; y me estremecí de dolor y pesadumbre cuando la luz del amanecer corrió el velo azaroso del silencio ofreciendo el cruel espectáculo de una hermosa ciudad borrada de la faz de la tierra, convertida en escombros y arrinconada en pedazos contra la falda de una colina solitaria.

Allí lloró desangrado de dolor mi lacerado corazón. Busqué mis queridos muertos que jamás hallé. Los sepulté amorosamente en lo profundo de mi ser y elevé una plegaria a Dios en su nombre, jurando regresar cuando la solidaridad de mi pueblo hiciera posible reconstruir con la unidad de su esfuerzo, el pasado glorioso de una raza que no ha renunciado a erguirse orgullosa y altiva para rescatar su dignidad y volver a soñar con las estrellas (…)”.

Muy pronto nos encontraremos convertidos todos en el infinito eco de la eternidad.

¡Buen Viaje a Miguel Viana!