Las marchas se han convertido en el nuevo escenario de la contienda política, por una parte, quienes se oponen a la forma como el gobierno afronta los conflictos generados por sus reformas y la otra, por quienes consideran que cualquiera discrepancia frente a las decisiones del gobierno es porque se trata de un enemigo del cambio.
Se evidencio en los dos masivos eventos, la que ha sido característica de los colombianos, una vivaz conciencia política, la opinión alerta, el interés del ciudadano de a pie por el manejo de los asuntos del estado.
Esa ha sido la gran pasión nacional, una incoercible tendencia de la gente. Esto demuestra el alto grado de dignidad humana y la existencia de un fuerte espíritu nacional. Propugnamos por el bullicio de la muchedumbre que se expresa como templo de la voluntad popular que merece ser escuchada, tanto para quienes participaron en la movilización del 21 de abril como los que lo hicieron el 1º de mayo.
A nadie le puede extrañar lo que viene haciendo Petro en materia de salud y pensiones, porque eso fue lo que propuso como candidato. Que no haya optado por construir consensos para su aprobación en el congreso, ha sido su error, pero de él era difícil esperar otra cosa. A pesar de que prometió un gran acuerdo nacional, su talante se lo impide.
Petro llego a la presidencia con la propuesta de reformar el sistema de salud, el régimen de pensiones y el laboral. La suerte de estos proyectos está por definirse en el congreso, pero por ahora hay un prudente optimismo de parte de los funcionarios del gobierno, que han hecho un gran esfuerzo por persuadir a algunos miembros de las distintas bancadas de la oposición, para obtener las mayorías y lograr la aprobación de la reforma pensional.
Quienes aspiraban a que las movilizaciones del 21 de abril influyeran en la obstinada posición del gobierno y que recapacitara en favor del gran acuerdo nacional, hoy luego del discurso pronunciado después de las marchas el miércoles pasado, han entendido que no está, ni ha estado nunca dentro de las prioridades de Petro promover ningún pacto o acuerdo nacional.
Esperábamos muy ingenuamente a un presidente proponiendo la concordia entre las distintas facciones, propendiendo por aclimatar la paz, que no se decreta, tiene que emerger como un estado del espíritu.
En la hora en que los malos humores de la gente se han cargado de material inflamable, es peligroso avivar el ambiente, pero Petro pertenece a una izquierda recalcitrante que recurre imprudentemente a un lenguaje venenoso, agresivo, sin percatarse de que hay un país que ingiere esas toxinas haciendo cada vez más difícil la reconciliación.


