Perales ayer hoy y mañana

Culturales

Cuando conocí el Aeropuerto de Perales por allá en 1966, era apenas una pista corta y una torre de control de unos tres pisos, no tenía radio, se usaba una lampara de señales para tener comunicación con las pocas aeronaves que esporádicamente allí llegaban, esta torre sucumbió a  otra un poco más grande, ya se usaba el Morse que era manejado con mucho acierto por el señor Varela de quien me acuerdo de su apellido mas no de su nombre, quien por ratos nos dedicaba parte de su tiempo para enseñarnos Morse, que lo comprendían puntos y rayas y que hoy está casi en desuso total, con esas señales en 1970 principios de los 80 los V.O.R. se identificaban por Morse. Por ejemplo, Girardot se identificaba por GlR, que el Morse era así G_ _. I. . R._. Por dar un solo ejemplo.

Cuando comencé mi curso en IVIETA en 1977 no había radio y aun se empleaba la lampara de señales para comunicarse con las aeronaves, en ese tiempo existía un solo avión de la escuela HK 937 I, que era una aeronave Piper monomotor PA18,  conocida como la mojarra y que era famosa por darle muy buena mano a los pilotos que allí se entrenaban; el capitán Garnica era un boyacense dedicado al oficio de la aviación desde muchos años antes,  por esos tiempos tenía licencia de instructor de vuelo en ese equipo y había iniciado la apertura de la escuela con ese único avión en Ibagué, éramos más o menos 18 alumnos quienes nos turnábamos para recibir instrucción de 30 o 40 minutos de vuelo de lunes a viernes, pues en los fines de semana,  el instructor ya mencionado salía de crucero con los alumnos mas aventajados,  casi siempre con rumbo a Paipa ~ Boyacá, donde residía su progenitora.

Existía en ese tiempo una compañía de fumigación muy famosa FIBA de propiedad de Cedeño y Garzón dos empresarios de la aviación Agrícola de Ibagué y contaba con más o menos 4 aeronaves Ponys 160 y 162;  mas la avioneta de la escuela y una o dos aeronaves mas parqueadas en el aeropuerto Perales; de ese tiempo me acuerdo de dos anécdotas una buena y otra no tanto, la primera  fue que un día cualquiera llego una avioneta Piper Azteca de unos diez pasajeros en la cual venia con su piloto y un único ocupante el doctor Carlos Lleras Restrepo,  Expresidente de la República y una persona muy respetada por todos; como no tuvimos tiempo de saludarlo esperamos a la tarde con una vieja máquina de fotografía para pedirle el favor para  que se retratara con los alumnos de la escuela a lo que accedió de manera gentil,  pero con la seriedad que lo caracterizaba.

La otra anécdota tiene que ver con quien escribe estas líneas siendo el protagonista principal, sucedió que un día después de haberme soleado, ósea es un término utilizado por los aviadores para definir el día que la persona sola y sin la ayuda de nadie emprende su primer vuelo; cuando llegue al aeropuerto el Capitán Garnica, se dedicaba a hacer el concurso con sus Alumnos,  para que estos demostraran su pericia en el aterrizaje de la aeronave; a mí se me había ocultado esto por ser el más novato; al darme cuenta que yo no iba a participar en la consecución de la llanta del avión, que había acabado de cambiar y que todos la queríamos como recuerdo de nuestro curso; increpé al capitán pues él se había comprometido conmigo en que yo participaría en ese evento, accediendo por mi reclamo para incorporarme al concurso,  al subirme al avión me preguntó “papito sumarse se acuerda bien de cómo es el procedimiento para aterrizar”, en mi afán de estar ahí le dije que sí que me acordaba perfectamente del procedimiento y ordenó enseguida que decolara y fue perfecto el procedimiento de virajes y de tramo con el viento y el viraje final para tomar la cabecera de la pista fue normal,  pero por la emoción del momento me fijaba únicamente en llegar a la pista en corto pero se me olvido lo más importante, nivelar el avión ósea ponerlo en estado óptimo para su aterrizaje,  que no es más que una pérdida de sustentación controlada; al dar contra la pista obviamente por el mal procedimiento el avión rebotó contra esta y no me quedó mas remedio que poner motor y hacer el procedimiento nuevamente para aterrizar esta vez con mucho cuidado y acordándome de todo lo que él me había enseñado; deje el avión en la cabecera de final de la pista y lo apagué y esperé que el capitán y varios alumnos llegaran hasta mí  en un vehículo, cuando se acercó me dijo: “usted esta bueno para que se valla a la plaza a vender cebolla”, me hizo sentir muy mal, pero en medio de todo estaba vivo y le agradecía a mi Dios, que así fuera, deje de volar por varios días escondiéndole a mi familia lo que  había sucedido, una tarde al poco tiempo, llegó el capitán a mi casa disculpándose aunque no tenía por qué hacerlo; lo cierto es que hoy después de tantos años veo cómo ha evolucionado Perales y espero que en estas nuevas épocas donde hay competencia de dos aerolíneas y por esto bajen el precio de los tiquetes aéreos y no lleguemos a ver cómo se van, como se fue Satena, Easyfly, Aerotaxi, “AVIANCA” que se fue y volvió, y ahora en compañía de Latam, prestan su servicio;  dejó de funcionar Aires que era la única aerolínea que servía a Ibagué con vuelos a Medellín, Cali, Neiva, Florencia y Bogotá, no entiendo porque ciudades de las dimensiones de Ibagué, caso Pereira tiene los tiquetes aéreos más baratos, más frecuencias a diferentes ciudades y vuelos internacionales, tenemos que apostarle a que el Aeropuerto Perales, funcione ya que Bogotá cada día está más lejos; por el incumpliendo de los  contratistas de  las carreteras  que nos tienen llegando a Bogotá entre 7 y 10 horas. Usemos los servicios aéreos para poder exigir mejores tarifas, Ibagué tiene 700.000 mil habitantes, que pasa o que nos pasa, Por qué no emulamos a Pereira y exigimos una mejor pista con radio ayudas suficientes para poder enfrentar la continua neblina y bajas nubes en el perímetro, demos la pelea por lo que nos merecemos y nos corresponde.

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