Una noche ya hace más de cincuenta (50) años, en el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo, pasaba por el frente del mejor Hotel de la ciudad de Ibagué, en ese tiempo el Hotel “Ambalá”, cuando ví pegado a la acera y en dirección contraria a como es hoy la calle 11 un Vehículo negro con vidrios en el mismo color me causó intriga y le pregunté al portero del Hotel que de quien era ese carro? Respondiendome que era que el señor Presidente Carlos Lleras Restrepo, se estaba hospedando ahí por esa noche, pues iba camino a asistir a la semana Santa en Popayán , al saber ésto, me corrió un escalofrío por el cuerpo. Al saberme cerca, de quien en ese momento era el Simbolo de la Majestad del Estado y el estandarte de la República, debió ser por ahí de los años 68 al 70. No tengo claro cual fué, lo que sí es cierto, es que el respeto por mi país, por sus Instituciones y por lo que representaba ser un pequeño de no más de 13 o 14 años que se sentía total y absolutamente orgulloso de ser Colombiano.
Hoy con mucho dolor de Patria tengo que reconocer que al ver lo que sucede en estos tiempos, para nada se parece a lo que sentí en mi niñez entrando a la adolescencia, hoy muy por el contrario veo como se derrumba Colombia como país viable, hoy no hay respeto por nadie, por las Instituciones, por lo que representan las personas y los cargos que estos representan, un Presidente atacado desde todos los flancos, un Fiscal haciendo política, un Congreso amañado, unos altos Tribunales cuestionados como el caso de miembros de la Corte Suprema de Justicia vendiendo sentencias. Muchos gobernadores, alcaldes, diputados y concejales cuestionados al máximo, sin embargo vuelven a ser elegidos por un pueblo carente total de sentimiento patrio que los lleven a ver y pensar en el futuro que les depara a sus hijos en un país sin ley desbocado y llegando al precipicio donde reinaría el infortunio, la crisis total de sus instituciones y de la Democracia.
Los ejemplos de lo que está pasando es por miles, sin embargo, parece que no nos diéramos cuenta de ¿para dónde vamos?. Sería en verdad una crisis imparable donde reine la impunidad, el desgobierno, la pobreza, la inequidad y la desesperanza?. Esa pregunta me quiero hacer y quiero que todo el mundo se la haga, sin importar su credo, filiación política o el mal llamado estatus socio económico y pensemos por un momento, si nos ponemos serios o dejamos que todo siga como va, entonces y solo entonces, sabremos como conglomerado social, si sacamos a flote un país o por el contrario, veremos como pueda volver a suceder lo de la noche del 14 de abril de 1912, cuando un gran barco que se creía insumergible llegaba apagando sus luces a las negras profundidades del Oceano Atlántico. Ya le dijimos a ese Titanic, adios. Le diremos así a Nuestra Patria?.

