G.M. Héctor Borja Espinosa
Un gran océano de KI (energía) nos rodea y envuelve, según lo que escojamos, seremos rocas contra las que romperá y se dispersará el oleaje de la energía universal o seremos esponjas que absorban sus aguas mágicas y nutritivas. Debemos aprender a estar en contacto con este gran océano de energía universal, a absorberlo y canalizarlo, si queremos que nuestros tratamientos de digitopuntura sean realmente caminos mágicos que nos conduzcan hacia una salud más radiante.
Toda persona tiene cierta cantidad de KI circulando por su cuerpo y concentrado en los diversos centros del organismo. A menos que se utilice un proceso de meditación muy sencillo para pulsar el gran KI, cuando utilicemos nuestras manos por vez primera en el tratamiento de dolencias ajenas es más probable que nos limitemos a extraer de nosotros mismos el pequeño KI o KI corporal. Existen personas que saben por intuición como canalizar la energía y que lo hacen de un modo espontaneo y natural que quizás ni lo advierten. La habilidad de canalizar y equilibrar el KI puede ser desarrollado por todo el mundo. Los practicantes modernos de Hapkitaido, saben al menos algunos puntos y poseen una técnica para presionarlos y ayudar a sus familiares, a sus amigos y a sí mismos.
Quizá no esté lejos el día que ocurra lo mismo en occidente, para ello debemos esforzarnos en redescubrir la energía que anida en la yema de los dedos, el poder de la energía que podamos canalizar a través de nuestras manos y comprender la importancia de la misma; entender y tener conciencia, que es energía canalizada a nuestra manos no es solamente para romper tablas, baldosas, ladrillos o lo que es peor; enseñada por falsos maestros, para matar o lesionar a nuestros semejantes, sino para encauzarla en beneficio de los seres humanos.

