-Algunas reflexiones sobre los contemporáneos espectáculos deportivos-“El hombre-masa es el habitante electrónico del globo terráqueo y al mismo tiempo está conectado con todos los demás hombres, como si fuera un espectador en un estadio deportivo global” Marshal McLuhan “Cuando la humanidad se sienta en sus culos ante un televisor a ver veintidós adultos infantiles dándole patadas a un balón no hay esperanzas”. Fernando Vallejo1.
Entusiasmo vacío y control socialDesde la reflexión crítica y rescatando la auténtica cultura y la historia del goce y del entusiasmo deportivo, deberíamos ejercer serios procesos de cuestionamiento que nos lleven a rescatar los principios básicos, los originales valores y los fundamentos tanto de los quehaceres artísticos como de los deportivos.Un acercamiento a la particular psicología del “hincha”Stefan Zweig, en su obra “El mundo insomne: Ideas, ciudades y paisajes de la vida contemporánea”, de 1914, escribía, tratando de adentrarse y esclarecer las pistas y señales de la génesis de unas sociedades comprometidas principalmente con la diversión, la distracción y el entretenimiento de las grandes masas populares, llevando hacia una irreversible “monotonización del mundo” en que, pronto, nos veríamos hundidos. Decía que, “todo se torna uniforme en las manifestaciones de la vida exterior, todo se nivela según un esquema de cultura estandarizada… Podrían aducirse, centenares de síntomas. Me limito a indicar algunos de los más conocidos…”.
Y a continuación presenta varias actividades, prácticas, usos y costumbres que, a su parecer, buscaban materializar las más precarias satisfacciones individuales; intereses distractivos y compensatorios que, poco a poco, se fueron imponiendo, hasta caer casi toda la humanidad en un rutinario uniformismo gregario, en la más absurda monotonización de la vida, reduciéndonos a una sola visión del mundo que, irremediablemente, se establecería de una manera planetaria, global.
Enumera el autor, como causales de dicha situación, cuestiones tan anodinas y corrientes como el baile, las modas, el deporte, los medios de transporte y los, para entonces, nacientes fenómenos tecnológicos como el cine y la radio.Consideraba Zweig que todo ello se daba como consecuencia inmediata de la presencia de los Estados Unidos en la Gran Guerra europea: “De Norteamérica viene esa espantosa ola de uniformidad que proporciona la misma cosa a cada individuo: en el cuerpo, el mismo overol; en la mano el mismo libro; entre los dedos la misma estilográfica; en los labios la misma conversación; y en lugar de los pies, el mismo automóvil…” Asumía que la generalizada “norteamericanización” del mundo, que la conquista y subordinación de Europa y del resto del planeta al naciente imperialismo, traería como resultado la irreparable pérdida de la autonomía y la individualidad y la conversión de los seres humanos en simples espectadores, entregados y supeditados a los vaivenes de las industrias del ocio, el entretenimiento y la idolatría de los héroes de la farándula, el deporte y en general de los espectáculos.
Decía: “No; no tenemos ya esa fe ciega para creer que con asociaciones, libros y proclamas podría hacerse frente a un movimiento mundial de monstruosas proporciones y sofocarse aquel deseo impetuoso de monopolizarlo todo.
Cualquier cosa que escribiera no sería más que una hoja de papel arrojada contra un huracán. De cuanto escribiésemos nada alcanzaría a los futbolistas y a los bailadores de shimmy, y si algo les alcanzara, no nos comprenderían ya”.Esa “espantosa ola de uniformidad”, ese movimiento mundial de tan monstruosas proporciones, llevaría, inexorablemente, a la constitución de aquello que posteriormente el filósofo y cineasta Guy Debord, llamó “La sociedad del espectáculo”, un asunto referido al tema de la alienación generalizada de las masas, que ha llevado a que: “Toda la vida de las sociedades en que reinan las condiciones modernas de producción se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes era vivido directamente se ha alejado en una representación…” a la que no se puede ya oponer nada, porque la realidad vivida es materialmente invadida por la contemplación y fetichización del espectáculo y la realidad surge en el espectáculo, y el espectáculo es real.
Esta alienación recíproca es la esencia y el sostén de la sociedad existente…Así las cosas, tratar de entender el sentido y la significación de estas sociedades del espectáculo, de la imposición de la teatralidad, la competitividad y el espectáculo –por ejemplo el del fútbol– en las sociedades contemporáneas, implica adentrarse en las características, analizadas por Freud en “La psicología de masas y el análisis del yo”; entender el paso de las antiguas formas de sujeción y sometimiento de las masas populares, por los grandes relatos, las religiones y los mitos fundacionales, han virado, han sido sustituidos por los espectáculos, y particularmente por el espectáculo del fútbol…En el texto “Mi segunda piel”, Alejandro Villanueva y David Quitian, lo precisan: “…ninguna religión, por más del gusto del faraón Akenaton que solo veneraba como Dios al sol, ni la católica, ni tampoco la judía puede pasar sin referir lo abstracto a lo sensible de distintos modos, como en las inscripciones corporales del pueblo hebreo, o como el excesivo culto a los santos y a la iconografía en el Medioevo o en el Barroco posterior a la Contrarreforma.
Las religiones protestantes, que se precian tanto de haber surgido contra el fetichismo de la transubstanciación, es decir, de la presencia real de Cristo en la hostia y en el vino, a la larga se convirtieron en los mayores fetichistas porque terminaron por hallar a Dios en el oro, como en el anagrama: in Go (l) we trust. Y todos, por la economía, devenimos fetichistas e idólatras pues cada moneda lleva una cara y una cruz y cualquier billete está signado por efigies. ¿Y cómo no habrían de retornar los mitos, la magia y los ídolos en esta contemporaneidad fascinante, llamada por un pensador agudo “la sociedad del espectáculo” y presentida por el gran poeta simbolista Mallarmé como hipnotizada por el cristal, es decir, el plasma de los televisores y de los computadores? Pues los ídolos y los mitos retornan en tres fenómenos de este acelerado interregno que denominan algunos posmodernos: el rock, las fiestas y el deporte y en él, como joya de la corona, el fútbol…”En el año de 1951 se realizó en Argentina una película llamada “El hincha” teniendo como actor principal al conocido autor e intérprete de tangos Enrique Santos Discépolo. La película nos muestra como es la obsesiva conducta y el comportamiento cotidiano de un seguidor de un equipo de fútbol, comprometido hasta el fanatismo y el delirio, lo que le impide llevar unas relaciones familiares y sociales corrientes o “normales”, cautivo totalmente de cuanto acontece en torno de su “equipo del alma”.
(Continua en la próxima edición)

