Europa se comporta como una concubina despechada

Opinión

La bella Europa se ha echado un profundo sueño de ochenta años en su opulenta cama, y un salvaje Trumpetazo acaba de despertarla cruelmente.

Es la ociosa concubina de los norteamericanos la que abre los ojos sin entender lo que le sucede. Y está desconcertada. No comprende cómo en sólo dos meses pasó de ser consentida a maltratada con desprecio.

Porque uno tras otro, desde Truman hasta Biden, 14 presidentes la cortejaron sin enrostrarle los costos de protegerla, mientras sirviera fielmente a los intereses estratégicos de USA durante la guerra fría; acolitara sus aventuras intervencionistas y las de la OTAN en Bosnia y Kosovo, Afganistán y Libia, fuera de su jurisdicción y sin fundamento legítimo; guardara silencio sobre la amenaza constante a Rusia en sus fronteras; y se implicara con malicia en la guerra en Ucrania.

Y como sirvió obediente las órdenes de Washington y la OTAN, Europa jamás imaginó que alguien viniera a recordarle que el bacán que te acamala tiene pesos duraderos, como dijo Gardel; aunque el zorzal criollo no se refería a la candidata demócrata derrotada por el patán que ocupa la Casa Blanca. (Las sonoridades gemelas tienden a confundir los hechos del pasado).

Ahora lo sabe: su protector la abandona para irse con Rusia a hacer quién sabe qué cosas. Y la bella sigue sin entender “qué pudo verle a esa arrastrada” a la que ella odió por comunista y sigue odiando sin tener motivos ideológicos si desde hace 35 años se convirtió al capitalismo.

Como su amante la odiaba, ella también lo hizo, propagando el discurso sobre libertades recortadas y derechos humanos pisoteados en Rusia; saboteando su economía, e implicándose militarmente con Kiev; y luego se opuso descaradamente al preacuerdo de paz alcanzado en marzo de 2022 en Estambul entre Ucrania y Rusia, porque Biden así lo quiso.

Europa hizo siempre lo que se le exigió, causándose daño económico, incluso, y ahora se siente traicionada. Sus dirigentes no encuentran cómo rotar 180 grados su relato contra Rusia, porque sus propios actos beligerantes lo impiden. Y prefieren entregar 20 mil millones de euros en apoyo militar a Zelensky, anunciar que invertirán 800 mil millones en los próximos cinco años en su propia defensa, que enviarán tropas de tierra a las llanos de Ucrania con el pretexto inverosímil de servir a la paz que no desean verdaderamente.

Si EE.UU. renuncia a la ocasión de destruir a Rusia en los campos de batalla, la Unión Europea lo hará en nombre de la democracia y la libertad. Si su antiguo amante le echa en cara el costo de su defensa y le exige pagarla en adelante, la Unión está decidida a costearla a costo del bienestar de su gente, como resultará.

Sin embargo, la crisis universal creada por las abruptas decisiones de Trump, puso en evidencia que la UE se tornó irrelevante para dar soluciones.

Sus dirigentes en Bruselas son un cotarro vociferante sin eco en Washington, Moscú y Beijín; la OTAN fue puesta en cuarentena y sus mandos aguardan en ascuas su remoción; Macrón, Starmer, el futuro canciller Merz, Meloni o Sánchez, son algo más que figurines de noticiero desconectados de sintonía con el público de sus naciones que se opone a continuar esa guerra.

Colectivos de oposición política señalan que los burócratas europeos usan el miedo a una invasión rusa a todo el continente, para justificar el armamentismo que les conviene. Trump se mofó en la cara de Starmer ante la perspectiva de que Europa se aliste a ir a la guerra contra Rusia sin EE.UU. ¿Creen que pueden hacerlo sin nosotros?, preguntó con una sonrisita torcida, y el inglés puso cara de Clark Kent sorprendido en baño ajeno.

Lo que Europa descubrió finalmente, y lo calla, es que perdió la oportunidad de erigirse en un tercer bloque autónomo frente a las dos potencias militares durante la guerra fría – algo que puede hacer todavía –; que desaprovechó el poder continental de su economía para establecer mercados regionales o bloques de comercio que hubiesen contenido el globalismo que empobreció el aparato productor de sus naciones, y enriqueció en forma exponencial el de China, Corea del Sur, Malasia, Vietnam, India, y benefició a Brasil y México.

Sólo cuando el voluble Trump rompe las reglas del mercado global imponiendo aranceles arbitrarios a las exportaciones europeas, la UE se declara tratada con hostilidad.

Nada le importaron las sanciones de Washington a Yugoslavia, Irán, Corea del Norte, Venezuela, China, Cuba, Iraq y Siria, con el rótulo de ser “patrocinadores del terrorismo”; y se sumó a la sanciones a Rusia por ocupar a Ucrania “sin haber mediado ninguna provocación”. Y ahora protesta por el castigo.

Entonces algunos dirigentes se apresuran a tocar a las puertas de China; el país que la UE menospreció mientras duró su contubernio con Washington, transformado en la fábrica del mundo, y el exportador dominante en más de 120 naciones. Busca no someterse a la dominación económica norteamericana, arrimándose con desesperación a Beijín, el enemigo estratégico de USA, pero sin renunciar a luchar contra Rusia.

Es una paradoja cruel la que vive Europa. Mientras los partidos de derecha proponen entenderse con Rusia, los liberales, verdes, socialdemócratas, y hasta los socialistas, se oponen. ¡Quién lo hubiese pensado en el París de 1968!.   

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