Del Ibagué de los 60 ya no queda nada, solamente el recuerdo de sus ranchos de paja aun existentes en ese tiempo por muchos, viejos edificios de tapia pisada y teja de barro, de calles angostas y muy descuidadas, pero en medio de esto algunas construcciones que hoy deberían estar en pie como la estación del ferrocarril, el edificio del banco de Bogotá y casas de estilo republicano que fueron sucumbiendo en el tiempo para dar paso a construcciones de concreto y cemento; edificios estos de pocos pisos pero que ya hacían carrera en el afán de sus dueños de ganar grandes sumas de dinero en estos, es decir, el pasado sucumbía a una modernidad sin planeación y en total desbarajuste.
La mala planeación y no hacer respetar con normas tan insignificantes como el respeto a las calles y futuras avenidas, es así como a alguien se le ocurrió plantar un edificio en la Carrera Quinta con Avenida Quince, no dejando espacio para la ampliación de la Quinta, de la Quince a la Décima, quien lo hizo, tuvo que pagar la osadía de sus actos y cercenar de esa construcción la parte que da contra la Avenida Quince y terminando en punta casi como un lápiz; sin embargo el eje de la Avenida no es el que debería tener quedando contrahecha en ese sector.
Hoy con nueva mentalidad y con más autoridad, se presentan entidades que regulan en gran medida, pero no como se quisiera, los permisos de construcción con lineamientos acordes al desarrollo que debe de tener el urbanismo de una ciudad, para asegurar el buen devenir de ésta y sus habitantes.
La Ibagué moderna; o sea la Ibagué de la Avenida Sesenta, Sesenta y Nueve, la zona del Vergel, la Samaria y tantos lugares nuevos con buena planeación, que hacen ver a esta ciudad como una pequeña metrópoli, aunque el termino anterior nos quede aun grande; también es cierto que el progreso, la belleza, su buena demarcación en zonas verdes, andenes, ciclovías, le están dando a nuestra querida Villa de San Bonifacio, un gran aspecto que nos hace respirar con orgullo en la admirable transformación de esos sectores, se han tenido problemas en diferentes barrios y comunas por los servicios deficientes de luz, agua y gas; pero se ven ganas en la nueva administración de mejorar de forma rápida esa problemática, ojala y la Alcaldesa y su equipo tengan las ganas como se le ha visto hasta ahora y rogar porque los recursos alcancen para llevar avante esas obras prioritarias para Ibagué.
Al no tener como sacar adelante dichos cometidos, que no le tiemble la mano ni a la Administración Municipal ni a los señores concejales de enfrentar con valentía la temible pero necesaria contribución de valorización, somos y ya lo dije en mi anterior escrito, la ciudad más grande del eje cafetero y la más atrofiada en su desarrollo, toca y cuando toca, toca.
Para ayudar al progreso de ésta anquilosada ciudad; se necesita metro cables, avenidas, puentes, viaductos, escuelas, maquinaria para la zona rural. “así recemos los milagros existen, pero no todos los días”. Tenemos que progresar y para eso la solución es buscar los recursos donde estén y esta vez en el bolsillo de los Ibaguereños y de muchas gentes venidas de Bogotá y otras ciudades que han visto en nuestra capital el descanso y el buen vivir de persona que se escapan el frio y el aburrimiento y encuentran aquí el sitio ideal de descanso.
Gracias a Dios, del pasado se salvó la casa Urrutia, espero se salve la mejor casa de estilo republicano que se halla aún en pie al frente de Mercacentro de la calle Catorce, para tener algo del ayer, pero tendremos que hacer algo para el futuro, los recursos de la Administración Municipal no alcanzarán para tanto propósito, es Ibagué responsabilidad de todos y no dejemos que los buenos propósitos terminen solo en eso, necesitamos ejecución en infraestructura; todos a una por Ibagué.

