Dos mujeres

Opinión

Recientemente dos mujeres tolimenses se han destacado en el ámbito nacional por cuenta de sus actuaciones, personalidad y enhiesta posición, en muy distintos escenarios.

Por un lado, la representante a la Cámara, Martha Lisbeth Alfonso Jurado, oriunda del Líbano, que, a diferencia de los otros congresistas tolimenses, que más parecen representar a los mimos, ya que su voz no se escucha en el Capitolio y, de algunos, se supone que solo se dedican a gestionar contratos y empleos para sí y sus conmilitones; de esos cuya más destacada actuación reciente ocurrió cuando uno de ellos apareció disfrazado de Eduvina y repartiendo platos de lechona en el Salón Elíptico. Por el contrario, la investigadora y pedagoga ha tenido una continuada y trascendente gestión, en la Comisión Séptima y las plenarias, en temas relativos a los derechos de las mujeres, a la protección del medio ambiente, al apoyo institucional a los adultos mayores, a la prevención en salud pública y, sobre todo, a las reformas de salud y laboral.

Su desempeño hace añorar épocas pretéritas donde los tolimenses lideraban la legislatura para progreso del país, defensa y sustento de los más preciados derechos y ejemplo de gestión en procura del interés colectivo. No se piense que se echa de menos la vocinglera mitomanía de quien se vanagloriaba de encarnar el brazo político del narcotráfico.

Del otro lado, Sandra Liliana Heredia Aranda, oriunda de Alpujarra, y quien asombra a la opinión por su imperturbable actuación en el Juzgado 44 Penal del Circuito de Bogotá, en uno de los procesos más mediáticos acaecidos en el país, donde acometió tan procelosa tarea por encima de presiones, amenazas, señalamientos y hasta un descarado linchamiento mediático que a lo largo de los años se han advertido en el mencionado caso.

No se le ha visto en procura de protagonismo ni acudiendo a escenarios no apropiados para difundir sus labores y decisiones; por el contrario, no se ha arredrado ante quienes han intentado someterla o sojuzgarla y, con la ley y la constitución en la mano, ha fallado dentro de lo que su conocimiento, pruebas y experiencia le han dictado.

El alboroto ha sido mayúsculo, particularmente entre aquellos que conciben que algunos ciudadanos están por encima de la ley. En la gritería se destacan algunos de fuera y, otros dentro del país; desde los gusanos de la Florida que más deberían preocuparse por lo que sucede en su país de adopción, hasta los cipayos colombianos entre los que se destaca un ex vicepresidente que ofrece proporcionar nombres para que, desde otros países, se amenace y se persiga a unos miembros del poder judicial. Con razón, cuando el ex presidente Uribe le ofreció a este sujeto una posición, sus mismos familiares, en nota editorial, manifestaron que el nominado carecía de la capacidad mental para esa o cualquier otra posición de menor rango.

De nuevo. La jueza Heredia Aranda, con su vertical desempeño, hace olvidar vergüenzas como las de los magistrados Camilo Tarquino, de la Sala Laboral de la Corte Suprema, condenado por concusión en el infame “Cartel de la toga” y Leónidas Bustos, de la Sala Penal, evadido de la justicia colombiana y escondido en Canadá. Ambos, que deshonraron las dignidades, a las que en mala hora accedieron y a la noble tradición construida por otros tolimenses, que sí hicieron honor a sus dignidades y al hecho de ser tolimenses.

Gracias, señoras, por su solidez y coherencia.

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