
La ayuda que se otorga a niños, viejos, enfermos, excluidos, desempleados, minorías, a los animales, al medio ambiente y más, por parte de patronatos de caridad, fundaciones, ONGs, donantes, gobiernos y familias, es un rol legítimo y loable.
Una es la realidad que sufre el Tolima y otra la que debería gozar y el tránsito del atraso real al progreso deseado, supone que cada expresión del entramado social deba desempeñar roles distintos pero convergentes y sincrónicos de orden social, económico y político. Pero ese brebaje de alienación histórica, codicia, egocentrismo e ignorancia, enredó la lógica de nuestro devenir histórico y produjo la decadencia del Tolima (contextualizo la decadencia). Carecemos de una una hoja de ruta común y sufrimos un caos de errores, sofismas, codazos y el sálvese quien pueda y, como lo demuestra la cotidianidad, caminamos hacia el abismo, mientras que los dirigentes, en especial los políticos, con ardides, sin discurso consistente y sin que nadie los desmienta con razones estructuradas, nos hacen creer que su proceder es virtuoso, cuando en verdad llevan al Tolima por un creciente e imparable círculo vicioso.
La ayuda que se otorga a niños, viejos, enfermos, excluidos, desempleados, minorías, a los animales, al medio ambiente y más, por parte de patronatos de caridad, fundaciones, ONGs, donantes, gobiernos y familias, es un rol legítimo y loable. Pero afirmo, y ojalá se abriera un debate, cuando esa ayuda la promete u otorga el político en campaña, es mero populismo, pues allí medra el interés electoral y no el auténtico rol del político, que es el de transformar o, al menos, crear leyes para para auxiliar al vulnerable. Por ello, adrede o por causa de su precario magín, el político no debe atribuirse benignos roles paliativos que no transforman, abusando de la contrahecha cultura política tolimense. El genuino rol del político tolimense tiene que basarse en una sabia simbiosis de territorio, sociedad e historia y la única medida de su idoneidad y su desempeño son los indicadores del atraso o del progreso tolimense.
Para cambiar paradigmas del progreso tolimense, debemos entender la caracterización que hoy muestra la realidad tolimense, que no “surgió silvestre” sino que, en gran medida y sin barreras, fue construida con el transcurrir del tiempo por los mismos tolimenses (por acción u omisión), dada la errada y anacrónica estructura de creencias y valores que se apropió del Tolima. Resumo la caracterización: Ignorancia de la historia; desconocimiento del territorio pérdida de la identidad; fragmentación social; carencia de oportunidades; atraso endémico; diáspora creciente; impreciso enfoque de las ciencias; economía dependiente; ausencia de sistema financiero; desahorro; carencia de enfoque sustentable del desarrollo regional y local; educación no pertinente; sociedad civil no organizada; ruralidad tardía y vulnerable; centralismo; fragilidad ambiental; ausencia de autonomía; precaria tecnología e innovación; cultura individualista; endeble conciencia histórica; corrupción desmedida; liviandad ética. Defectuosa estética pública; desprecio y maltrato al talento; falta de peso político nacional; sistema político primario, caudillista y centralista; liderazgo enfermizo y escaso; expresiones culturales ambiguas; ausencia de espacios de entretenimiento y ocio; asimetría poblacional; movilidad caótica; inseguridad creciente; mal vivir; exigua autoestima colectiva. Continua…
