El de Uribe Turbay, un asesinato que parece previsto en un manifiesto de guerra

Editorial

Sobre las mentiras obscenas de la derecha derrotada, haciendo oposición desesperada.

En la última imagen que retengo de Miguel Uribe Turbay senador, celebra la derrota de la Consulta popular para recuperar las mejoras laborales que Uribe Vélez mutiló en 2002 a los trabajadores. Celebraba feliz con el puño arriba, junto al “bestiario” de la derecha (con el perdón de Cortázar), la derrota de la trampa de Petro, como el CD llamó la Consulta. Y reaccionó igual cuando derrotaron la reforma tributaria del gobierno. “Lo logramos, lo logramos.

Buenas noticias para los colombianos y sus bolsillos. Tumbamos la ley de financiamiento de este gobierno; exclamó gozoso. No hablaba de mis bolsillos, sino de los del gran empresariado y las trasnacionales a los que él y su familia siempre sirvieron.

Y al derrotar por primera vez la reforma laboral, con tres debates pendientes, mesurado dijo: Se acaba de hundir la reforma laboral de Petro que destruye empleo y genera informalidad, y está fundamentada en el capricho ideológico y el odio de clases. Nosotros defendemos una economía fraterna y generación de oportunidades. La economía fraterna, es decir, trabajadores y empleadores trabajando en la misma dirección.

¡Pará ahí! – dirían en La Tele Letal –: ¡Qué lindo! ¡Qué bien repite las consignas del ideario uribista ese muchacho que recibió del patrón el primer renglón al Senado de regalo, regresando el favor del abuelo Julio César que lo nombró director de la Aerocivil donde su carrera tomó vuelo! Por ello hacía esas exhibiciones de alegría desafiantes cada vez que propinó un golpe al gobierno que no representaba su clase, que les socaba el poder y amenaza con condenarlos al destierro por otro cuatrienio.

Miguel Uribe Turbay falleció el 11 de agosto por las heridas que recibió en el ataque del 7 de junio. Un acto terrible para un sector político y de la sociedad nacional, estrictamente.

Según lo revelado de la investigación oficial – no la de los medios tendenciosos –, esa muerte se ordenó desde el año pasado. Lo intentaron en febrero en Barranquilla, luego en Bogotá, hasta que lo hirieron de muerte.

Los dos intentos fallidos revelan que el crimen se decidió y preparó por motivos enteramente ajenos a “las expresiones de odio” del presidente contra Uribe Turbay, como lo afirma la oposición, culpándolo falazmente. La investigación fiscal ha revelado que al senador y precandidato presidencial no lo mató “el odio verbal de palacio”, sino una organización criminal que insiste en hacer política armada, y se niega a sucumbir.

Lo anunciaron sin que se prestara la atención que merecía.

El 29 de agosto de 2019, Iván Márquez reapareció en algún lugar “del Inírida” en un video divulgado por internet leyendo un manifiesto de guerra, junto a varios comandantes de las disueltas FARC. Anunciaba “al mundo que ha comenzado la Segunda Marquetalia”, y “una nueva etapa de lucha armada, culpando de tal decisión a la “traición del estado a los acuerdos de paz de la Habana”.

El Manifiesto de la Segunda Marquetalia comienza por advertir que “la rebelión no es una bandera derrotada ni vencida”, y a continuación hace un anuncio ominoso:

“El objetivo no es el soldado ni el policía, el oficial ni el suboficial respetuosos de los intereses populares; será la oligarquía, esa oligarquía excluyente y corrupta, mafiosa y violenta que cree que puede seguir atrancando la puerta del futuro de un país.

Una Nueva Modalidad Operativa conocerá el Estado. Solo responderemos a la ofensiva. No vamos a seguir matándonos entre hermanos de clase para que una oligarquía descarada continúe manipulando nuestro destino y enriqueciéndose, cada vez más, a costa de la pobreza pública y los dividendos de la guerra.”

Fue una declaración llamativa y peligrosa. Llamativa, porque desistir de la ofensiva y pasar a la defensiva, es renunciar a la ley existencial de toda guerrilla. Y peligrosa, porque señaló como blanco de sus ataques a la oligarquía que consideran excluyente, corrupta, mafiosa y violenta.

Cualquier nombre puede entrar en esa mira. Por ejemplo, las FARC lo intentaron con Germán Vargas Lleras, Fernando Londoño, Uribe en su primera posesión, y mataron a Álvaro Gómez, según lo confesaron ante la JEP. Pero ante la nueva declaración, nadie llamó la atención sobre la amenaza directa que recaía sobre un señalado grupo de la sociedad que la vox populi identifica como oligarcas: el vocablo de Gaitán para distinguir nuestras castas en el poder.

Y no cabe suponer que con Miguel Uribe Turbay hayan agotado la lista de oligarcas excluyentes, corruptos, mafiosos y violentos.

Habituados a que la guerra sucede lejos de sus clubes y sus vidas, oyeron sin escuchar, leyeron sin entender, o confiaron en ser intocables.

Nada indicaba que el plan estuviese en marcha, hasta que en noviembre de 2021, José Félix Lafaurie informó que Duque y la Policía Nacional le informaron que existía un ofrecimiento de 1000 millones de pesos para asesinar a cualquiera de su familia, por orden del Zarco Aldinever, un jefe de la Segunda Marquetalia. Conocieron la amenaza por interceptaciones realizadas después del asesinato de dos agentes encubiertos en Venezuela.

Una revelación que presupone nuestra actuación militar en territorio extranjero.

De acuerdo con la fiscalía, los sicarios que finalmente asesinaron a Miguel Uribe Turbay tienen nexos con las disidencias de Iván Mordisco, sin poderse establecer aún, cuál de los grupos en que se fragmentó la Segunda Marquetalia ejecutó la nueva política de atacar a la oligarquía en lugar de los soldados y policías.

Sin embargo, las eternas precandidatas Valencia y Cabal, que enrostraron a Miguel Uribe que gastara “millones de dólares en encuestas acomodadas”, y lo llamaron aparecido porque las aventajaba en la competencia interna; junto a Holguín, Guerra, Vicky, y todo el zoológico sentado a la diestra de Dios Padre Uribe (con el perdón del maestro Tomás Carrasquilla); señalan a Petro por la muerte del precandidato, porque “usa un lenguaje de odio”.

No quieren ver el odio apuntando desde las montañas.

Fico, con su aspecto de gallo desplumado de barrio sin servicios públicos, se atrevió a declarar con el ataúd en cámara ardiente, que las organizaciones criminales “han sido aliadas del gobierno”.

Con malicia refunde la política de negociar la renuncia a las armas, con una alianza. Hay que decirlo: esos líderes son de mala fe.

El odio y el desprecio por los de abajo vive en sus entrañas, sin importar de qué pulguero hayan salido esas mujeres alevosas, esos tipos peligroso