A ciegas y a la deriva

Opinión

Por: ALBERTO BEJARANO AVILA

Recordando que son los estadígrafos quienes dirán cómo clasificar el hasta hoy inexistente plan de información estadística o de grandes cuentas del Tolima, que es esencial para juzgar los resultados objetivos de la gestión pública y privada y así impedir que la retórica efectista siga mostrando un desarrollo que la realidad desmiente, sugiero ahora algunos indicadores económicos: producto interno bruto regional PIB (referencia per cápita); costo de vida; tasa de ahorro regional, público y privado; inversión, pública y privada; deuda pública y privada; desempeño en los sectores primario, secundario y terciario o importaciones, exportaciones y balanza comercial; industria; agroindustria; minerales; hidrocarburos; turismo; comercio; servicios financieros; servicios públicos; infraestructura, rural y urbana; finanzas públicas. Bajo el supuesto de que el modelo de desarrollo que conviene al Tolima debe ser humanista, incluyente y orientado a alcanzar un alto nivel de simetría territorial, convivencia y calidad de vida, desde luego, deben incluirse indicadores que registren y muestren los avances y su calidad en variables atinentes a los sectores cuaternario y quinario o investigación científica; tecnologías; innovación; registro de patentes; trabajo calificado; literatura, artes, historia y cultura en general; acumulación de saberes; economía sin ánimo de lucro; referenciaciones sobre el territorio; capital social; organización de la sociedad civil; excelencia en la política, la gobernabilidad y la gestión pública.

La ausencia o la subjetividad de esta información lleva a la verbosidad “diarreica” y nos impide conceptualizar con cordura el desarrollo tolimense.En el big data tolimense, aparte especial merece el medio ambiente, del que tanto se habla, pero pocas referencias de valoración tenemos y, por ello, deben existir índices continuados para juzgar si la preocupación medioambiental en el Tolima es cierta y está contenida en un ideario programático o si es simple retórica efectista para efectos electorales. Como índices medioambientales se sugieren: deforestación; lluvias; caudales; emisiones contaminantes; erosión; áreas protegidas; especies en peligro de extinción (flora y fauna); proporción del territorio cubierto por bosques; gestión pública medioambiental; producción de energías limpias (solar, eólica, geotérmica, hidráulica, biomasa); explotaciones mineras; reservas de hidrocarburos; cobertura de redes eléctricas; cobertura de acueducto y alcantarillado.Podemos decir que la antítesis del denominado “conocimiento de causa” es justamente la ausencia de conocimiento pertinente o de información continuada y actualizada contenida en índices sobre las variables primordiales que concurren al progreso tolimense. La absurda ausencia de conocimientos que facilitan la orientación y la valoración de nuestra andadura hacia el futuro es lo que posibilita la retórica ambigua que impide un diálogo profundo sobre el desarrollo y el ejercicio del control político, pues los asuntos vitales que atañen a nuestro futuro caen en la labia insustancial de tanto “pajudo” que desorienta y corroe los cimientos de la cultura, la voluntad y la unidad progresista que pudiera cambiar la historia del Tolima.