Esta frase es atribuida al filósofo y político italiano NICOLAS DE MAQUIAVELO quien en su libro” El Príncipe “escrito en 1513 y publicado póstumamente en 1531, hace una recomendación y da un concejo similar al Príncipe de Florencia LEONARDO DE MEDICI. No con las mismas palabras pero si con el mismo sentido y propósito.
La obra citada fue prohibida por un tiempo, pero luego se convirtió en un verdadero manual para príncipes y gobernantes, para terminar siendo un derrotero universal que enseña cómo lograr el Poder y mantenerlo sin ningún escrúpulo moral y ético.
Hoy en día es además de adagio, una práctica común y frecuente admitida por la mayoría de los humanos y desarrollada por muchas personas en diferentes espacios y actividades: en la política, en los negocios, en el ejercicio profesional, en las artes y en oficios diversos.
La consigna es lograr el objetivo y cumplir las metas, sin importar lo que haya que hacer; sin percatarse de las personas que resultan afectadas, ni en el daño que se ocasiona. Triunfar y tener éxito a toda costa es lo primero, es lo esencial.
Observamos que los jóvenes aspiran a ser exitosos, a tener dinero y poder, viajar y conocer, disfrutar de la dolce vita; sin importar la forma o el medio que tengan que utilizar para lograrlo, con el menor esfuerzo, y a veces sin revisar el origen del efectivo.
Hombres y mujeres que se dedican a actividades lucrativas sin ningún recato moral, atraídos por el dinero rápido, las denominadas peyorativamente “prepago “, los damos y las damas de compañía, los traficantes de personas y de cosas; todos sucumben a una práctica que desbordó los linderos de la política y se extendió aceleradamente a otros campos de la vida social.
Algunos defienden esta actitud Maquiavélica, argumentando la difícil situación económica, la necesidad que impone la dura realidad; otros alegan los derechos fundamentales individuales a la libertad de escoger profesión u oficio y al libre desarrollo de la personalidad.
No estoy enjuiciando a nadie, simplemente expongo la realidad circundante que percibo y lamento que esté ocurriendo en nuestro País, deploro que sea una práctica creciente, y cada vez más generalizada en la población.
Creo en el libre albedrio, según el cual tenemos como sujetos pensantes y conscientes, la libertad de tomar decisiones; con la responsabilidad de asumir en todo caso las consecuencias positivas o negativas de nuestros actos.

