Para reflexionar

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Por: ANTONIO MELO SALAZAR

Primero, un repaso; útil en estas tierras donde la memoria ha desaparecido en una epidemia incontrolable. Para el efecto es menester situarse en la Constitución de 1886 de Caro y Núñez (converso y costeño él), llamada de La Regeneración y adobada con el Concordato de 1887 (con el que el presidente logró que le sacralizaran su arrumaco con Soledad), en donde se le entregó al Vaticano (o a la religión católica) la educación (pública y privada), el matrimonio y sus efectos civiles, el control sobre territorios indígenas y otras prerrogativas que se sostuvieron por decenios. De este estado de cosas se derivaron , entre otras, la Guerra de los Mil Días, la escisión de Panamá ( que tantos réditos le produjo a Lorenzo Marroquín, hijo del presidente José Manuel Marroquín) y que otros gobiernos de catadura vasalla se apresuraron a utilizar la vergonzosa indemnización con la que el gobierno de Estados Unidos se lavó las manos por el despojo y que sirvió de excusa para toda suerte de desmanes de sus funcionarios y empresas (entre los que se encuentra la masacre de las bananeras, que ahora pretenden desconocer).

Pues bien llega este recuento a la Revolución en Marcha en 1936, cuando un grupo de tolimenses ( López, Echandía, Parga , Rocha… ) encabezó una serie de reformas que tuvo que ver con el régimen de tierras, la función social de la propiedad, la educación pública, la libertad de cultos, de prensa, de expresión y de asociación, los derechos de la mujer y tantos otros temas que intentaban sacar al país del oscurantismo y el confesionalismo y que  tanto escozor produjeron entre quienes más tarde, a sangre y fuego e inspirados en sus ideólogos ( Franco, Hitler, Mussolini) con el concurso de los nefastos chulavitas propiciaron el primero y uno de los más graves genocidios ocurridos en Colombia bajo el gobierno de Laureano Gómez( por cierto, abuelo del Jefe de Debate de Abelardo de la Espriella, Enrique Gómez Martínez ). Para llegar al otro genocidio en el que participaron agentes del estado, narcotraficantes y paramilitares en el que fueron aniquilados (¿destripados?) los miembros de un partido político y no pocos ciudadanos inocentes (¿falsos positivos?) que cargaban con el pecado de ser pobres.

Este fugaz sobrevuelo permite situar al lector cuatro años atrás , en donde sesudos analistas como Francisco Santos pronosticaban lo que habría de ocurrir en un gobierno progresista: el dólar pasaría de cinco mil pesos( el viernes pasado estaba en $3540), Colombia se convertiría en Venezuela ( el vecino se ha convertido en colonia de Estados Unidos), Petro se convertiría en dictador ( su candidato acaba de perder la primera vuelta), Colombia rompería relaciones con Estados Unidos ( nada de eso, pese  la vulgar incidencia e intromisión del gobierno del norte), se acabaría la producción nacional y las exportaciones ( estas últimas crecieron el 14 por ciento el mes pasado)…

Sin más preámbulos situémonos en el presente, en vísperas de la segunda vuelta electoral cuando quedan tres opciones:  dos candidatos y el voto en blanco. Uno que en palabras de su madre era “un riquito de pueblo” (nada menos que el hijo de un notario de Córdoba que no se podría quejar de exclusión), que cuando se mudó a Bogotá a estudiar, los condiscípulos lo catalogaban como “un corroncho venido a más”, quien se caracteriza por practicar un superlativo ejercicio del que algunos europeos llaman kitsch; , los argentinos denominan cursi;  los españoles, hortera; los franceses, parvenu ;  en algunas regiones colombianas “ñuco” y ,por estos lados, el muy gráfico “cachaco é  monte”, por su atuendo de estilista del norte de Bogotá en la 19 entre 115 y 119, que en este país en el que tanta gente pasa hambre, él se vanagloria de tener más 40 clases de perfumes y lociones ( como decía el Indio Solari: “el  lujo es vulgaridad”).

El otro, en tanto, parece anclado en el tiempo y usa el desfasado cuello tortuga y ahorra en cuchillas de afeitar, por lo que muchos contradictores lo critican y descalifican a su compañera de fórmula por sus atuendos más propios de su comunidad indígena, que de las pasarelas internacionales o del Milán de sus preferencias.

Uno tiene tres nacionalidades y se preguntan algunos ciudadanos a cuál presidente ha jurado obedecer (aunque por sus acciones y lugar de residencia no resulta difícil suponer, a más de las declaraciones de su esposa).

El otro se reconoce como colombiano pese a que fue obligado a exiliarse ante amenazas de muerte para él y su familia. Tras regresar al país se ha dedicado a defender los derechos humanos y las comunidades vulnerables. El otro, en tanto, y con millonarios contratos ha defendido a Saab, los Nule, DMG, Jorge Visbal y, se supo esta semana, que también lo hizo con Santofimio, quien esta semana adhirió al candidato de Firmes por la Patria para ayudarle en su campaña contra la corrupción.

Y se me acabó el espacio y me quedé sin tratar los temas más pertinentes; pero eso queda cargo del lector que no se podrá quejar de falta de material de lectura y reflexión.