Abelardo “el azote de Dios”

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Por:  ALVARO HERNÁNDEZ V.

Si durante su gobierno Gustavo Petro dio la impresión de desear que lo tomáramos seriamente como heredero político de Simón Bolívar y reencarnación natural de Aureliano Buendía (y en prueba nos legó su retrato de despedida); Abelardo el ilegítimo se empeña en ser reconocido como el converso escogido por Dios para castigar a todos los infieles que le impidan realizar el milagro de conducir a Colombia por el camino de los “valores cristianos”, la abundancia con orden, seguridad y patriotismo, según sus eslogan de campaña.

Abelardo el gobernante quiere ser visto como el ángel exterminador que llega a dar la batalla cultural con la que pretende arrasar con toda influencia de los zurdos de mierda en nuestra nación; el Arcángel que hiere de muerte la bestia lasciva de la cultura woke; el látigo bendecido que corregirá a los degenerados que metieron el arcoíris en una bandera; a los negros ociosos y a los indios perezosos que se apropiaron de tierras que los blanquitos necesitan para sus negocios.

Abelardo es un hombre que actúa con el Ello en automático, y gobernará castigando según el catálogo de sus definiciones elementales, tanto a los defensores de los derechos civiles y humanos, como a los sujetos de tales derechos. Y no piensa detenerse en pelos ni ponerse con vainas, según se ha visto.

En campaña se presentó como un hombre con carácter de hierro (como los que andan con el fierro, reservistas o no), y con brazo poderoso capaz de imponer sus convicciones por la razón o por la fuerza; lo que hay que creer y temer, porque lo hará por la fuerza usando las tropas, los tipos secretos, los organismos legales o no de control y represión que como jefe de estado puede poner a su disposición.

Y a la vista está, que en treinta días la fuerza pública volvió a ser la de antes: la que golpea sin control porque ya no hay quien le ponga bozal. Tienen “lavado el cerebro” en los cuarteles, esas eficaces fábricas de obedientes. El uniforme convierte un  civil  en un servil engrasado, dispuesto a poner las armas al servicio del  poder establecido. Así ha sido aquí y en todas partes y en todos los tiempos, y por ello es ingenuo pensar que esa mentalidad sumisa puede alterarse con mejoras laborales. Entre nosotros, la tropa activa y de reserva ha sido la cachiporra de las castas políticas para aporrear a las clases populares revoltosas, y ha sido su base electoral, hasta que Abelardo se la apropió con un zarpazo.

Sin haber propuesto jamás la “unidad nacional”, la opción es una sola: se ponen calladitos en la fila, o se someten al castigo. Y es difícil mantenerse en esa fila cuando su propuesta electoral se redujo “al patriotismo” expresado como un axioma [una verdad evidente que no necesita demostrarse], y en “la defensa de la fe y los valores cristianos” que excluye a demasiados. No ser practicante de la liga de iglesias que se tomaron el estado colombiano con Abelardo, es suficiente motivo para ser discriminado en su gestión gubernamental.

Y tengo que admitirlo: soy un infiel y seré excluido del gobierno de Abelardo. No recibí beneficio alguno del gobierno Petro, pero miro con sospecha la conversión del gobernante y no practico ninguna fe religiosa, aunque respeto todas las que se conservan en el fuero interno de las personas, y no se atreven a someterme desde la cima del poder. Pues a esos intentos me resisto.

Y Abelardo va en camino de revocar de hecho la decisión civilizada de separar a Dios del gobierno de la tierra, apoyado por israelitas genocidas, pastores acusados de abusos sexuales con mujeres de su feligresía, estafadores condenados, truhanes y politiqueros de la peor laya.  Su ideal es una teocracia revuelta con las ideas básicas del autoritarismo criminal que el mundo civilizado derrotó en la segunda guerra mundial.

Se presenta como un fundamentalista con el grito de ¡Viva Cristo Rey! que los sionistas que no creen en el Nazareno le perdonan, a cambio de los negocios de aviones y sistemas de seguridad; pero sólo busca apoyo para los ocultos propósitos políticos de las iglesias cristianas.

Y el mes de agosto como si fuese un advenimiento feliz: “Dios lo quiso para ponerme a prueba”, dijo radiante ¿Pudo sentirse orgulloso de “recibir un mensaje divino” cuando mueren 335 colombianos, 4.516 fueron heridos, hay 105 desaparecidos, y 486.000 fueron damnificados? Mandas cáscara, pavo real.

Y en X ordenó a su manada en el Congreso legislar y terminar con la agenda de la “ideología de género” y evitar las interpretaciones woke de la Corte Constitucional sobre derechos individuales. Habló como jefe de estado respaldando a Samuel Adrián, un predicador civil mexicano detenido en El Dorado por orden judicial este domingo, cuando regresaba a participar en “la batalla cultural” que se sintió obligado a librar con el video: “Colombia, fábrica de niños trans” circulado en redes. En algún momento el doctor Abelardo De la Espriella en su lucha contra los réprobos izquierdistas, puede llegar a verse como un ángel de terror, porque vivimos una realidad paradojal: Dios es amor de corazón, pero el hombre que dice gobernar en su nombre nos odia con las tripas.