El primero de mayo próximo pasado, se celebró en el mundo el DIA INTERNACIONAL DEL TRABAJADOR o Dia del Trabajo. En las principales ciudades de nuestro país hubo marchas de los trabajadores y otros sectores sociales afectos al Gobierno Nacional.
No crítico, ni aplaudo la intervención oportunista y beligerante del Presidente Petro, ni la participación militante de los ministros y altos funcionarios del Estado; ya nos estamos acostumbrando a su estilo, a lo que podría ser otra de las formas de lucha de la izquierda en Colombia.
Me voy a referir a la mas humana, relevante y positiva acepción de la palabra trabajo, a la que define y caracteriza la actividad física y/o intelectual del hombre y de la mujer que implica su esfuerzo personal, su dedicación, y su disciplina; que le permite obtener justamente un salario, una retribución económica y una recompensa con la que logra subsistir, sostenerse y contribuir con su familia; buscar y lograr su realización en el oficio, el arte o la profesión que desarrolle.
El trabajo licito, honesto y de servicio que además de procurarnos una retribución económica nos proporciona una satisfacción moral, una alegría espiritual; el que nos da la oportunidad de hacer lo que mas nos gusta, de producir, de ser útiles a nuestros congéneres y solidarios en la sociedad a la que pertenecemos.
Admiro y alabo al trabajador que entrega lo mejor de sí a su empresa, a su empleador, al que labora honradamente sin robarle horas a su jornada, sin llevarse lo que no es suyo, al que va más allá de sus estrictas obligaciones, al que tiene iniciativa y es optimista.
Infortunadamente en ocasiones el buen trabajador es mal pagado, es maltratado y no recibe ningún estimulo; contrasta su situación con vagos, y holgazanes que reciben jugosos salarios u honorarios sin hacer nada o haciendo poco. Especialmente en el sector publico abundan las “corbatas”, las sinecuras y los “incentivos “que favorecen a familiares, recomendados y cuotas políticas de los mal llamados LIDERES O JEFES; CON EL AGRAVANTE QUE SON RECURSOS PÚBLICOS LOS QUE SE MALGASTAN.
Se advierte y palpa una odiosa iniquidad y un gran desequilibrio en los niveles salariales, y de remuneración entre unos y otros, lo que indefectiblemente genera descontento e inconformidad en quienes no reciben salarios u honorarios proporcionales a su trabajo y al esfuerzo realizado.
Hoy que tanto se habla de reformas y de cambios, pienso que la situación de inequidad laboral puesta de presente, amerita un propósito de cambio personal y colectivo.

