El gobierno no perdió ni ganó

Editorial

Las pasadas elecciones, donde fueron elegidos los gobernadores. diputados, alcaldes, concejales y ediles para los diferentes departamentos y municipios del país, se convirtieron en una demostración más de nuestra decadente democracia, carente de idearios políticos en los que debían prevalecer los programas y propósitos de cada partido y candidato y nó, en una verdadera feria de ambiciones en medio de un sinnúmero de partidos, sin un Norte definido, en la que tenían que imponerse los de mayor trayectoria política, al igual que aquellos que más dinero gastaren en publicidad y compra de votos.

Consecuente con lo anterior, en mi pasada columna, refiriéndome al Tolima, me atreví de manera anticipada a vaticinar el triunfo del senador Barreto o el de su clan familiar a través de los candidatos que recibieron su respaldo y apoyo, lo que es algo semejante a lo que ocurre en gran parte del país, manejado en las distintas regiones al antojo de avezados políticos, para quienes la corrupción en sus distintas formas y los dineros del narcotráfico constituyen el arma predilecta con la que cautivan el voto de sus electores,

No sobra además tener presente, que la política más que un arte es una profesión a la cual se llega por vocación y que en la medida que se ejerce se adquiere mayor experiencia que exponencialmente crece hasta conformar una clientela que es lo que denominamos electorado, de ahí que con tanta frecuencia se hable de clientelismo.

Es por lo anterior que resultan derrotados personajes célebres y conocidos, pero en actividades distintas a la política, no obstante, la bondad de sus propuestas y programas.

Es el caso de nuestro conocido escritor William Ospina, quien con sobrados méritos aspiró a la Gobernación del Tolima o, a los frustrados intentos de incursionar en la política del Nobel Mario Vargas Llosa  en el Perú

Volviendo a la jornada electoral, bastó que al final de ésta se dieran los primeros resultados de la elección de gobernadores y la de los alcaldes de Bogotá, Medellín y Barranquilla para que la mayoría de los medios, contrarios al gobierno y al servicio de la oposición, rompieran de júbilo pregonando a los cuatro vientos una supuesta derrota del gobierno de Gustavo Petro como si ese certamen hubiere sido un enfrentamiento de dos bandos en conflicto

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Creer que a un Presidente se le derrota porque en unas elecciones regionales no son elegidos los amigos que en pasadas campañas fueron sus aliados, más que un equívoco es una gran torpeza tan propia de aquellos que enceguecidos por el odio les cuesta trabajo pensar y razonar con cordura y lucidez. 

Ahora bien, si Gustavo Bolívar no triunfó en Bogotá fue porque era la segunda vez que se presentaba a unos comicios, aparte de que por la austeridad como manejó su campaña se negó a recurrir al dinero, que como es costumbre es el medio más apropiado para obtener votos.

Por otra parte, Carlos Fernando Galán que era su principal rival venía de ser concejal y de haber intentado llegar a la alcaldía en dos ocasiones anteriores; además, no obstante calificársele como un político de centro- izquierda, -más por herencia que por convicción- la gran mayoría de votos los obtuvo, nó de los seguidores de su partido Nuevo Liberalismo sino de la derecha, es decir de aquellos electores a quienes solo les interesaba la derrota de Bolívar como una represalia contra el gobierno.

A Juan Carlos Upegui le sucedió algo semejante a lo de Bolívar, pues tuvo como su principal rival a Federico Gutiérrez, elegido por segunda vez y, por tanto, ya ampliamente conocido, no sólo de su clientela electoral, sino a pesar de los múltiples cuestionamientos en su contra.

En cuanto a Alex Char, el nuevo alcalde por tercera vez de Barranquilla, bajo el patrocinio del partido Cambio Radical, que orienta sin ninguna clase de escrúpulos Germán Vargas Lleras. es algo que a nadie sorprende, pues es uno de los miembros del clan familiar que con su poder económico y sus alianzas sospechosas con el narcotráfico ha logrado cautivar a ingenuos electores, sin importar los graves señalamientos que contra el existen, semejantes a los de uno de sus hermanos, hoy reo de la justicia. 

Por otra parte, tampoco puede hablarse de una derrota a Gustavo Petro pues su programa de gobierno ya fue sometido a consideración de las grandes mayorías nacionales quienes le impartieron su aprobación y, en ese orden, lo que se buscó en las pasadas elecciones regionales fue quien o quienes podían ser elegidos, acorde con los programas y  propuestas, de los distintos candidatos.

De igual manera, tampoco puede afirmarse que el Gobierno perdió las elecciones por la contabilización de los votos del Pacto Histórico pues fueron muchos los sufragantes del partido Liberal, de Alianza Verde y de varios de los nuevos partidos que admiran y respaldan a su Presidente Gustavo Petro. Independiente del color político y de su postura frente al Gobierno, de aquellos Gobernadores y Alcaldes, que se han alineado en la oposición, al igual que la de los que lo respaldan en su propósito de cambio, es indispensable, armonizar bajo una mutua colaboración y entendimiento la proyección y ejecución de las obras que realicen, tanto el uno como los otros, básicamente por la prosperidad y el bien del país.

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