Las pérdidas inesperadas de Israel

Opinión

Con el terrible asalto cometido por Hamas el pasado 7 de octubre en la frontera israelí con la Franja de Gaza, el mundo experimentó el mismo impacto profundo que por el ataque de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 a las torres gemelas en Nueva York. Esas agresiones fueron una afrenta insoportable al orgullo patrio y supremacista de estadounidenses e israelíes, y causaron un daño irreparable al prestigio político y militar de ambas naciones.

Lo más costoso se conocería luego. Porque superada la incredulidad general, los civiles fueron atacados por el miedo generalizado a padecer en cualquier momento un golpe enemigo, sin que sus fuerzas de seguridad pudieran protegerlos. Habían fallado los servicios de inteligencia tan sobrestimados, los costosísimos sistemas de defensa dotados con poderosas máquinas de muerte y equipos electrónicos de destrucción. Sistemas tan sofisticados esperan misiles y lanzaderas intercontinentales, no comandos en sus alcantarillas ejecutando planes elaborados con paciencia.

Sin embargo, las consecuencias para Israel fueron distintas. Cabía suponer que la sorpresiva operación armada que Hamas llevó tan adentro de territorio enemigo, con el empleo de tantas tropas para causar muerte y terror, buscaba elevar el conflicto a un nivel superior: romper el statu quo de la guerra desigual ente judíos y palestinos. El secuestro de un elevado número de civiles para usarlos como moneda de cambio por sus prisioneros, sólo servía para contener y retrasar la dura respuesta militar de Israel.

Podría decirse que los partidarios y militantes de Hamas, hartados del marasmo de una lucha que dura ya 75 años sin la emoción de la amenaza de un jaque, secuestraron la reina enemiga buscando un jaque mate. Es razonable pensar que, conociendo el poder de fuego del contrincante, no se propusieran derrotarlo militarmente, sino provocar una respuesta desesperada que produjera cambios en el tablero. Y en ello Hamas acertó, pues desde el 7 de octubre Israel ha perdido piezas valiosas que le restan poder, ha sido llevado a la picota universal de agresor despiadado, y puesto en el humillante banquillo de los genocidas por un tribunal de justicia colocado por encima de su poder histórico. Desde luego que algunas consecuencias no coinciden con las que Hamas haya podido calcular, pero son hijas legítimas de sus actos, pues la guerra es generosa en variantes impensadas y en consecuencias imprevistas.

Israel sufre la primera pérdida, cuando las potencias militares que fueron sus cómplices incondicionales en todas sus guerras, gradualmente desaprueban sus operaciones militares de respuesta.  Algunas naciones de la Unión Europea, y el propio gobierno de los Estados Unidos, solicitaron con timidez y cortesía a Netanyahu, aceptara suspender temporalmente los ataques con el fin de permitir el ingreso de ayuda humanitaria a los más de 2 millones de civiles musulmanes que habitan La Franja de Gaza atacada. Luego, a la vista de la destrucción sistemática de la infraestructura urbana y el desmedido incremento de muertes, el número de países aumentó para exigir a Netanyahu proporcionalidad en el uso de la fuerza, y abstenerse de los ataques a la población civil.

Ya era evidente que, a la sombra de su legítima respuesta armada al asalto de Hamas, Israel se proponía mucho más que destruir una organización terrorista. Los votos de veto y las abstenciones cómplices con las políticas expansionistas de Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU, disminuyeron drásticamente. El propio Biden admitió que la paz con Israel supone que éste reconozca el derecho pleno de los palestinos a tener un Estado autónomo y libre. No fue una declaración novedosa, pues había sido acogida en el Acuerdo de Campo David que en 1979 selló la paz definitiva entre Egipto e Israel promovido por Carter; y en los llamados Acuerdos de Oslo suscritos por Israel y la Organización para la Liberación de Palestina que apoyó Clinton en 1993. Hasta entonces, Biden se abstuvo de exigir el cese de los asentamientos judíos en territorio palestino.

Sin embargo, cuando los cadáveres superaban los 15000 (en mayoría absoluta niños y niñas, mujeres y ancianos), y se hizo insoportable el sufrimiento de los gazatíes durmiendo a la intemperie, soportando hambre y frío, sin agua y electricidad porque los cortó Israel; se escuchó decir que tales acciones, junto a la deliberada destrucción de hospitales y puestos de salud, y la privación de medicinas de salvamento para la población civil, constituían formas de genocidio contra la etnia palestina.

Entonces, y por primera vez en la historia, los Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y la Unión Europea, pidieron a Israel cesar los ataques indiscriminados y controlar los desmanes de sus fuerzas armadas contra los civiles indefensos. Algunos líderes fueron a más, al exigir a Israel se abstenga de crear asentamientos judíos en el suelo que la ONU asignó a los palestinos en 1948.

El bloque histórico de respaldo a Israel se rompió al quedar a la vista el plan final inconfeso de Israel: exterminar y desalojar a los palestinos. Pedro Sánchez, el presidente español, al asumir la Presidencia temporal de la UE, criticó duramente los excesos injustificados de la ocupación israelí. Netanyahu se revolvió virulento. Semanas después, Josep Borrell, jefe de la representación diplomática de la UE, recordó que el grupo Hamás fue inicialmente apoyado y financiado por Israel. Netanyahu cerró con fuerza la boca. Pese a la gravedad de la denuncia, los grandes medios silenciaron la noticia. No quieren divulgar que el Estado de Israel es terrorista, que a través del Mossad (su servicio secreto para espiar, cometer crímenes selectivos, sabotajes y actos terroristas dentro y fuera de Israel), en secreto alentaron y patrocinaron la formación y crecimiento de Hamás, y que el Mossad intervino en la construcción de los primeros pasadizos subterráneos, según está documentado. Eso explica por qué, el primer día de la ocupación, el ejército israelí dijo haber “descubierto” varios túneles en los que se mueve la milicia de Hamas.

Así que, el mismo “enemigo terrible” que están decididos a derrotar, es la criatura que por años apoyaron con el fin de restar fuerza a la OLP dirigida por Jasser Arafat. Los judíos contribuyeron a la división política actual entre la Franja de Gaza con Hamas al mando, y Cisjordania con el gobierno de la Autoridad Palestina.

Y cuando el conteo de cadáveres llegaba a los 25000, Israel sufrió el golpe de gracia. Sudáfrica solicitó a la Corte Internacional de Justicia de la ONU, adoptara con urgencia medidas cautelares para detener el genocidio que Israel cometía en Palestina. Sin que nadie pudiera preverlo el 7 de octubre de 2023, Israel se encontró en el humillante banquillo internacional acusado de genocidio.

El mismo delito imperdonable que los judíos padecieron bajo los nazis, y del que se victimizan desde entonces. La CIJ ordenó a Israel cumplir medidas de protección para los palestinos, encaminadas a detener, prevenir y evitar la incitación al genocidio. Netanyahu maldice aislado, pues ninguno de sus viejos aliados criticó la decisión. De seguro Hamás no urdió semejante consecuencia, pero sin la violencia de sus actos no se hubiera producido. Sin duda, la guerra continua pariendo la historia.

Hamas

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