Señor Beltrán: al salir cierre la puerta, por favor

Opinión

Concluyó el 7 de noviembre la reunión extraordinaria de Caracas en la que el Ejército de Liberación Nacional presentaría la “muestra inequívoca de paz” que el gobierno exigió para estudiar la posibilidad de reactivar las conversaciones suspendidas, y que tras el ataque a la base militar en Arauca el presidente Petro descartó por considerar que “su viabilidad está lesionada”, y el señor Pablo Beltrán, jefe del ELN en la mesa, hizo a La W Radio declaraciones desconcertantes. Dijo que fueron a “examinar” la situación creada desde que terminó el cese bilateral al fuego acordado en agosto de 2023; porque, “a pesar de los incumplimientos del gobierno” a lo pactado, el gobierno debía “evaluar, tomar correctivos y que esto siga. Esa es la voluntad.”

De modo que, en lugar de anunciar decisiones que convenzan al gobierno de la utilidad de reabrir las negociaciones estancadas, la noticia es que quieren continuar dialogando. ¡Cómo si los “elenos” se fatigaran de conversar! Lo han hecho por casi tres décadas de contactos secretos, acercamientos, aproximaciones, diálogos exploratorios y mesas de negociación con las administraciones de Gaviria y Santos, antes de la actual en la que han llegado más lejos, al acordar por primera vez un cese bilateral por casi un año, que terminó el 3 de agosto pasado. Un largo parón de las armas propiciado por las excepcionales condiciones creadas por este gobierno para acordar la paz.

Sin embargo, el señor Beltrán habla con recelo, al declarar que el gobierno de izquierda ha resultado más difícil que los anteriores, porque les ha “salido con trucos”. “Les hemos dicho que ellos han llevado dos estrategias, una por encima de la mesa y otra por debajo de la mesa. Eso no lo hizo ni Pastrana, ni Samper, ni Santos, ni Gaviria. Nadie.”  Beltrán habla de “trucos” para rechazar veladamente que, mientras la delegación encabezada por Vera Grave habla con él y su grupo, el mismo Otty Patiño, Alto Consejero para la Paz, adelanta negociaciones separadas en Nariño con “Comuneros del Sur”, un frente que rompió con la organización. Ése es el motivo de fondo que puso en pausa la mesa desde septiembre, pues quiebra el mando nacional del ELN al sustraer un territorio importante y un número respetable de tropa de su influencia.

Beltrán esconde que la “federación” de frentes y organismos armados del ELN, que explicaron en el pasado la falta de coherencia y coordinación entre sí, y cierta carencia de unidad en la dirección nacional; con la negociación de Comuneros del Sur por su cuenta, evidencia la rebelión del primer frente contra el mando central en medio del conflicto. Todo indica que los Comuneros del Sur llegaron al proceso abierto con el ELN teniendo clara su voluntad de hacer la paz, no de averiguar si la encontraban en el camino, o descubrían en la contraparte esa misma voluntad. 

El resentimiento de Beltrán por ese golpe de mano del que acusa a la delegación del gobierno, se origina en la debilidad de la estructura de esa sigla armada que lo permitió. Soportó pasados intentos de “encontrarle una salida negociada al conflicto armado”, pero no aguantó el ritmo de bueyes con que marcha la carreta de su comisión negociadora, y comenzó a deshacerse cuando la cosa se puso seria con este gobierno.

Pero el astuto señor Beltrán lo calla, y dice en cambio que entre los negociadores del gobierno, Vera Grave y Otty Patiño, hay “desacuerdos” que deben resolver antes de regresar a la mesa. “Quedaron de discutirlo internamente y darnos la respuesta. Ellos tienen que resolver unas diferencias internas para acordar los correctivos”. Es decir, el gobierno tiene tarea pendiente para llevar de vuelta. Ni más, ni menos. ¿Pensará el ELN, que el gobierno desbaratará la negociación en Nariño para que el comando central recupere el mando? Si, como es de esperarse, el gobierno no reversa, quizás alguien pierda la paciencia y tenga que dar un golpe sobre la mesa cerrando la puerta de las negociaciones, en lugar de dejarla abierta a diálogos sin esperanza.

Con seguridad el señor Beltrán no cerrará esa puerta, porque no está en su naturaleza proceder con esa claridad. De hecho, evadir en lugar de lo apuntar, regodear en cambio de concretar, aludir sustituyendo el nombre de la cosa, están en el ADN de esa organización guerrillera. E igual que sus antecesores, Beltrán no le echará llave al diálogo. Continuará usando su arsenal de frases pomposas para distraer lelos sobre la voluntad del ELN de buscar la paz, no de hacerla; aunque persista en que cambiar este país “por las buenas o las malas” es una opción, según dijo.

‘Timoleón’, un viejo comandante, inexperto en los subterfugios del idioma, decía en 1998: “No estamos hablando del desarme de la guerrilla, no estamos hablando de la desmovilización del ELN, no estamos hablando de esos temas. Estamos hablando de qué es lo que va a dar la burguesía colombiana… cómo vamos a resolver el problema agrario y cómo vamos a resolver el problema de la educación y el problema de la salud”. Pablo Beltrán no cae en esas rudezas, pero defrauda y suena a mamadera de gallo escucharle que la voluntad de seguir dialogando es la “prueba inequívoca de paz” que esperábamos.

El inefable vocero no percibe la inestabilidad política actual, y sus puntadas indican que el grueso del ELN no ha tomado la decisión de superar las armas como medio de expresión política.

Una irresponsabilidad histórica. Y acorde con su compañero Antonio García lo tienen descartado por lo pronto, pues dicen que “el tiempo de este gobierno se agota”, y las negociaciones habrán de continuar con los próximos. De tener esa ocasión, los viejos delegados del ELN seguirán dialogando sin los apremios del tiempo.

Beltrán nos dice que sigue con la puerta abierta a las negociaciones, y su mano no la cerrará. La otra parte deberá hacerlo si quiere algo más que dialogar sin esperanza. En ese momento tal vez escuchemos: ¡Señor Beltrán, al salir cierre la puerta, por favor!

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