Como lo expresé en anterior escrito, ya era hora que la izquierda conquistare el poder que le había sido esquivo por las múltiples adversidades, muchas de ellas sangrientas durante el tiempo del bipartidismo, o fraudulentas e irracionales en medio de un pluralismo sumiso y abyecto al bien conocido enemigo del Acuerdo de Paz.
Hoy, ese deseo que parecía un sueño se ha cumplido, porque llegó a la Presidencia de Colombia un hombre rebelde, un auténtico guerrillero de principios y de ideas a quien no lo arredran las amenazas ni las dificultades o tropiezos de la vida, pues en su mente y de corazón sólo existe para él un solo propósito: el cambio y la transformación de un país desigual, minado y explotado por unos gobernantes de una clase política corrupta, donde narcotraficantes y violentos actúan en medio de una justicia irregular e inoperante, cuando nó en complicidad con la misma fuerza pública.
¿Que panorama le espera entonces y cuántos retos tendrá que enfrentar el Presidente Gustavo Petro Urrego? Ese es el gran desafío que habrá de vencer o resolver en un corto periodo, al menos en gran parte, todo por los múltiples equívocos y los constantes abusos del gobierno saliente. De todas formas lo importante es el comienzo de tan ardua y complicada empresa cuya continuidad debe recaer sobre los jóvenes de hoy y del mañana, sobre los cuales descansa el futuro del país.
Fueron tanto los oprobios, insultos y las mentiras contra el hoy Presidente por parte de sus adversarios, como la de calificarlo de “comunista” y “castro-chavista” por la posibilidad de expropiarles sus bienes, que olvidan que muchas de sus ideas de izquierda ya habían sido defendidas en tiempo de estériles enfrentamientos partidistas por eminentes líderes liberales como Rafael Uribe Uribe, Manuel Murillo Toro y Benjamín Herrera y que luego de la conquista del poder por Enrique Olaya Herrera en 1.930, que puso término a la hegemonía conservadora, se expidieron importantes leyes que reflejan un claro contenido de izquierda liberal, como fue la Ley 28 de 1.932, que le reconoció capacidad jurídica a la mujer y después durante la Presidencia de Alfonso López Pumarejo, en el marco de la llamada Revolución en Marcha, la Ley 200 de 1.936, que señala la posibilidad de extinguir el dominio de aquellas tierras de más de 300 hectáreas, que permanecieren incultas e inexplotadas durante 10 años continuos. De igual manera lo hicieron otros expresidentes como Carlos Lleras Restrepo, con la ley de Reforma Agraria a través del Incora y, aún el mismo Gustavo Rojas Pinilla reconociéndole a la mujer el derecho de elegir y ser elegida mediante el voto popular.
La izquierda, como sentimiento o actitud en el ideario político de diversos partidos, se ha caracterizado por ser blanco de la oposición de una derecha obtusa y retardataria que se niega a entender que ésta no es marxismo o leninismo ni nada que se les parezca y por ello en Colombia esa misma derecha, con su proceder violento y despiadado ha cometido innumerables crímenes, al punto de asesinar a hombres de la talla de Jorge Eliecer Gaitán y Luis Carlos Galán, a numerosos líderes y lideresas sociales y de extinguir a todo un partido político, como fue la UP, cegándoles la vida a los candidatos presidenciales Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo y Jaime Pardo Leal
No sobra igualmente reconocer, el absurdo e infame asesinato de que fue víctima el líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, al parecer a manos de una guerrilla izquierdista, según su propia confesión, lo que resulta paradójico pues fue él quien pregonó que sólo a través de un acuerdo sobre lo fundamental entre los partidos es posible obtener la paz y el desarrollo en el país, lo mismo que ha defendido y que ahora intenta demostrar el nuevo Presidente.
Frente a tantos crímenes y adversidades, es entonces un milagro que Gustavo Petro haya llegado vivo al poder, donde lo que se propone es desarrollar un programa de izquierda más humano, más amplio e incluyente, con el que no solo se busque una mayor justicia social, orientando los ingresos y finanzas de la nación hacia una economía de productividad de la tierra. no necesariamente basada en la extracción del petróleo y el carbón, sino también en el aprovechamiento de grandes extensiones de tierra que por permanecer inexplotadas, no obstante su fertilidad, pueden ser distribuidas y adjudicadas prioritariamente entre la clase campesina pobre y olvidada, para su explotación, generándole trabajo y riqueza que sustituya la importación de aquellos productos que estamos en capacidad de sembrar. cosechar o transformar.
Aparte de lo anterior, sin descartar todo aquello que implique beneficio social en las distintas áreas de la salud, la educación. la cultura, el transporte, el trabajo y otras tantas prioridades como la atención a la niñez, a los desvalidos, a la raza indígena y a las diversas etnias, también se propone el nuevo presidente, como lo está demostrando en sus primeros días de gobierno, es buscar los recursos suficientes a través de una reforma tributaria que cubra, parte al menos, el alto endeudamiento en que dejó irresponsablemente al país su antecesor, así como atender, a manera de clamor universal, el calentamiento global por el efecto invernadero, buscando eliminar sus causas con la prohibición del fracking en la explotación del petróleo y la promoción de una política ambiental en defensa del ecosistema al igual que la búsqueda de energías limpias, sin necesidad de invertir en grandes y costosas represas, sino en la explotación de la energía eólica y solar, para favorecer a muchas comunidades que carecen de energía y a un costo más bajo que el tradicional.
Sería injusto, no resaltar en este escrito. la forma, como luego de finalizar la campaña presidencial con el triunfo del Pacto Histórico de la Colombia Humana, su candidato, con humildad y sin alardes, convocó a todos sus contendores a la reconciliación como el único camino si queremos un país en paz, sin corrupción, con equidad y sin exclusión, donde “la dignidad sea costumbre” y “podamos vivir sabroso”, según palabras de, su Vicepresidenta,.


