La agonía del ídolo

Editorial

Por: JORGE ALBERTO GUZMÁN A

joralmanar@gmail.com

Por la derrota sufrida de su candidata con el triunfo de su principal adversario Abelardo De la Espriella, comienza la agonía de aquel para quien los días, los meses y los años que le quedan son insuficientes, pues no le alcanzarán para pagar en prisión el sinnúmero de delitos cometidos, en la ya larga vida de ese personaje que no es otro distinto que Álvaro Uribe Vélez, es decir, el mismo que a través de un pasado sucio y dudoso, inexplicablemente terminó convirtiéndose en ídolo.

Un ser idolatrado y admirado por quienes equivocadamente han creído que su política de seguridad fue un acierto supuestamente porque durante su mandato y con posterioridad a él, cesó la extorsión y el secuestro con lo cual ya se podía vivir y circular libremente sin temor, cuando tal circunstancia se debe a que las FARC, su principal enemigo, ya había encontrado con los traficantes de la coca, la fuente de financiamiento para el sostenimiento de sus tropas, brindándoles protección, lo que logró utilizando el engaño al gobierno de Andrés Pastrana durante todo el tiempo que duraron las conversaciones de El Caguán, habida cuenta ello además, de que la ayuda de Rusia a ese grupo subversivo terminó a partir de 1.991, luego de la Perestroika de Mijaíl Gorbachov.

Ídolo también para los mismos que no aceptan que Álvaro Uribe hubiere engañado a los colombianos haciéndoles creer, como efectivamente lo hizo, que les estaba cumpliendo con la seguridad prometida mediante la muerte de más de 7.830 guerrilleros, cuando evidentemente se trataba de jóvenes y de campesinos inocentes, unos de la ciudad y otros del campo, según la propia confesión de militares ante la JEP, lo que se ha denominado como falsos positivos, llegando, no obstante, a tal grado de crueldad y degradación moral sus adoradores que ven como cosa normal y justificable tan execrables crímenes.

Que decir igualmente del pasado de tan idolatrado personaje cual si fuera una película de espanto y de terror, antes de que sin merecerlo, fingiéndose liberal, ocupare la Presidencia de nuestro país, engañando tanto a unos, que son los que pese a todo lo aplauden y, a otros que son los que ahora lo repudiamos, porque no fue tarde para enteramos de que en su niñez  al lado de su familia y por tanto de su padre y de un tío, lo vincularon con el narcotráfico de los Ochoa y posteriormente, ya en su juventud, con Gonzalo Rodríguez Gacha y el Cartel de Medellín, al conceder en su condición de Director de la Aeronáutica licencias para vuelos y construcción de pistas o aeropuertos, de ahí que por lo anterior y por las relaciones de su padre Alberto Uribe Sierra la muerte de éste se atribuye más a Rodríguez Gacha que a las FARC, como pretende Uribe Vélez hacer creer a todos, para justificar sus actos.

Son tantas las arbitrariedades de tan connotado ídolo y tan sumisos o genuflexos sus aduladores que éstos las ven como justas y normales, dando la impresión de que han perdido la sensatez y la capacidad de razonamiento, que es lo que seguro de igual manera les ocurre al analizar el tiempo durante el cual, a finales del siglo pasado, ejerció la Gobernación de Antioquia, creando las Convivir y cómo en alianza con el paramilitarismo y con la fuerza pública a su servicio, bajo el pretexto de perseguir a las FARC, ordenó o en su defecto consintió varias masacres de inocentes campesinos y líderes sociales, como las de Ituango, a lo cual ya hice referencia en mi artículo anterior,

Parece que la actitud de tan fanáticos idólatras, es el resultado propio de quienes se dejan contagiar de la ultraderecha o el fascismo o del llamado ahora neofascismo, que sin dudar lo encarna Abelardo De la Espriella, creyendo falsamente encontrar aquellos caminos que la democracia no puede ni ha querido nunca transitar por ser contrarios a la ley, al derecho y a las buenas costumbres.

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