Abelardo De la Espriella, un peligro para Colombia

Editorial

Colombia afronta una coyuntura complicada caracterizada por la polarización y la inseguridad en algunas regiones. En este contexto, la aspiración de     Abelardo De La Espriella simboliza una propuesta con rasgos claramente definidos: confrontacional, mediática y orientada al orden institucional desde una perspectiva ultra conservadora. Su perfil difiere esencialmente del liderazgo progresista como el de Gustavo Petro y el de Iván Cepeda, colocándose cerca de estereotipos de derecha con énfasis en represión, dominación, caudillismo, opresión y en síntesis, neofascismo y defensa del modelo económico neoliberal.

Su estilo confrontacional le permite conectar y posicionar mensajes y dominar la agenda de los medios de comunicación. En un entorno político altamente mediatizado, Abelardo De la Espriella se muestra enemigo de la orientación del Acuerdo de Paz de La Habana; privilegia la justicia punitiva, el fortalecimiento del Estado y el rechazo a concesiones políticas a los actores armados. Para algunos, esto representa una apuesta por la restitución del principio de autoridad. Pero De La Espriella no cuenta con trayectoria en administración estatal, dirección presupuestal oficial y ejecución de políticas públicas y, por ello, anuncia acabar con ministerios y demás  instituciones públicas y entregar las empresas estatales a sus amigotes del sector privado. Su experiencia está concentrada en el ámbito jurídico, con defensa de muy cuestionados personajes, en las que no ha salido bien librado.

La Presidencia de la República exige capacidad de: coordinación institucional, diseño e implementación de políticas y manejo de crisis complejas. Aunque su arenga es enérgica en seguridad, es muy débil en temas como la Reducción de la Desigualdad, Educación Pública, Salud, Equidad y Movilidad Social. Colombia demanda no solo orden, sino transformación social efectiva, lo que implica no eliminar las insuficientes gestiones alcanzadas a favor de los necesitados en materia de salarios y oportunidades. Un enfoque, centrado solo en la seguridad, podría no solucionar las causas del conflicto, el hambre, la miseria. Los retos del país incluyen igualdad social, la defensa y conservación de la Amazonía, la transición energética, y políticas claras frente al cambio climático. Y no existe evidencia de que estos temas sean prioritarios en su agenda. Esto puede generar rezago frente a tendencias globales y dificultades en acceso a financiamiento internacional.

Su forma de comunicar, tiende a polarizar el debate, genera confrontación política y dificulta lograr consensos. El suyo es un ambiente político roto que afecta la gobernabilidad. Uno de los riesgos de su perfil es la de abordar problemas estructurales con soluciones de corte reactivo, seguridad entendida solo como fuerza, represión y conflicto. La dimensión social y económica del país las interpreta únicamente desde el punto de vista del mercado. Su liderazgo se erige en torno de su figura. Esto puede derivar en debilidad institucional, toma de decisiones centralizadas y dependencia excesiva del líder. Con instituciones subordinadas al estilo personal del gobernante y Colombia requiere soluciones integrales no unidimensionales.

Gobernar la Nación implica negociar con el Congreso, las regiones y la sociedad civil. Su estilo de liderazgo confrontacional puede aislarlo políticamente, bloquear reformas y generar parálisis institucional. Su limitada transformación estructural puede fortalecer la inversión, pero no obligatoriamente resolver la baja productividad, la informalidad y la desigualdad. La política social no es el eje central de su propuesta y por ello anuncia supresión de organismos, reducción del Estado y entrega de lo público al sector privado. Su propuesta del medio ambiente es insuficiente y evidencia rezago frente a exigencias globales. Además se evidencian debilidades para la construcción de consensos.

De La Espriella representa una azarosa apuesta por el orden, la autoridad y la obvia defensa del modelo económico habitual. Su perfil puede resultar atractivo en contextos de inseguridad creciente. Sin embargo, Colombia enfrenta desafíos que requieren un enfoque integral como sostenibilidad ambiental, crecimiento con equidad, cohesión social y fortalecimiento institucional. El verdadero interrogante es: ¿Puede un liderazgo centrado en la confrontación ser capaz de integrar desarrollo económico, justicia social y sostenibilidad? Porque el país no solo necesita firmeza. Necesita dirección, equilibrio y capacidad de unir intereses en un proyecto común de nación. De lo contrario su Presidencia se convierte en un serio peligro.