El nombramiento realmente acertado del Presidente electo ha sido el de la diseñadora Silvia Tcherassi como embajadora de la moda colombiana, reconocimiento que será de gran ayuda para atemperar los saltos cromáticos del vestuario del ahora presidente y enseñarle la importancia de usar calcetines con smoking.
Así inicia una columna suya el sociólogo, docente, investigador Ricardo Oviedo Arévalo Indicando que: “El psicoanalista austriaco, Alfred Adler, describió por primera vez el síndrome de inferioridad analizando la actitud agresiva, desmesurada y pérdida de control, del defenestrado Napoleón, que trataba de compensar su escasa estatura, desarrollando un comportamiento agresivo, dominante o ambicioso, que se reflejaba en su actitud bélica frente a sus vecinos, escogiendo enemigos de mayor envergadura como fue su lucha contra las poderosas monarquías europeas a principios del siglo XIX”.
Esto también lo pudimos observar en lo que fue su propuesta de su gobierno: llegó defendiendo la democracia y terminó coronándose como emperador. Según Adler, esta ambición desmesurada compensaba su complejo de hombre pequeño. Donde no le funcionó este mecanismo de conducta, fue en la cama, donde lo derrotó en más de una ocasión su amada Josefina, que lo coronó en muchas ocasiones de espléndidos cuernos.
Guardando las proporciones, ese mismo síndrome, lo podemos observar en el hoy presidente electo Abelardo De La Espriella, donde su lenguaje agresivo e intimidatorio, son indudables amenazas contra el régimen constitucional vigente. Desconocer el proceso de paz de 2016, intimidando a quienes se acogieron a sus leyes, lo mismo que las organizaciones de la sociedad civil como sindicatos asociaciones y gremios y como si esto fuera poco, desde los dÍas de campaña y luego como ganador, desconocer el valor de los partidos políticos, no solo a sus opositores. que prometió destripar, sino también a los partidos que lo apoyaron, en especial, al Centro Democrático, que tiene la bancada más numerosa de la derecha y al que tiene alejado de las mieles del poder.
Esta actitud triunfalista y sobradora de Abelardo, hizo despertar a otro paciente del doctor Adler, el presidente eterno Álvaro Uribe, que prometió en los medios de comunicación que el doctor De La Espriella, no solo no le hacía ojitos, sino que los quería desaparecer como organización política al solicitar el reconocimiento al CNE, como partido a los “defensores de la patria”, es decir, es víctima de su propio invento.
En su momento, Uribe hizo lo mismo con su cuna ideológica, el maltrecho partido Liberal. En esta ocasión, para defender su legado, llama beligerantemente a su militancia a una operación “abeja”, en todo el país, para defender, como una sola colmena irritante, los ideales del padre de la derecha de Colombia; es decir, este síndrome del comportamiento recurre al parricidio como una forma de superar políticamente a su progenitor.
Pero cada día que pasa, el paciente, ahora presidente, se agrava aún más, queriendo posicionarse y ser reconocido por hombres de verdad, el glorioso Ejército de Colombia, rodeado de una tropa pulcramente uniformada y armada hasta los dientes, quiso que, desde un batallón, le fuera aceptada su victoria, sin importarle llevarse por encima normas y leyes constitucionales. Solo quiere brillar en medio del poder armado del país y además, imitando a Napoleón, amenazar de paso a los bandidos de todos los pelajes, dándoles como plazo días para su sometimiento o ser destripados por el Estado, eso sí sin usar los fusiles jaguares de Petro.
La tapa de lo anterior, fue la elección de sus ministros, donde hay de todo como en botica, algunos, provenientes de las alcantarillas de la sociedad, pastores acusados de robos, otros destituidos, anti vacunas confesos, miembros de dudosos clanes políticos, intolerantes, homófobos, xenófobos, anti calentamiento global, cercanos a condenados por lavado de activos y narcotráfico, amigos del fraking y la minería en los páramos. Lo anterior, se resume muy bien con la elección de la ministra de Cultura, Paola Holguín, recordada por los colombianos cuando dijo que los jóvenes dejaran de llorar por un solo ojo, refiriéndose a los participantes de la “intifada” social contra el gobierno de Duque y de su ministro Carrasquilla, su único acercamiento conocido a la cultura, fue su apoyo a declarar el carriel como símbolo nacional.
Como todo emperadorcito, Abelardo requiere de sparrings para validarse como hombre poderoso, para ello tiene a los pobres, comunidades campesinas, afrodescendientes indígenas, al Pacto Histórico, FECODE y no contento con estos frentes de combate, creó uno nuevo, desconocer al Centro Democrático y a su líder Álvaro Uribe Vélez, cosa que hace recordar que Napoleón y Hitler, cometieron el mismo error de luchar en varias zonas a la vez y en especial la campaña contra Rusia, que los hizo perder.
Eso lo vimos en la elección de las mesas directivas del Congreso, donde, antes de posesionarse como presidente, de pronto empezó a perder la guerra. Y luego en la elección de Contralor General de la República, la aceptación de tropas extranjeras en territorio colombiano, el reconocimiento de Israel en los altos del Golan y el horroroso manejo de la catástrofe que enluta a Colombia luego del terremoto, rechazando la ayuda extranjera a pesar del desconocimiento que poseía del manejo de situaciones como ésta y volviéndose un candidato para ser recordado en el basurero de la historia.
