La entrega de regalos por parte de la Alcaldesa en Navidad, fueron tan engañosos y falsos como su propia vestimenta de temporada. Reveló, aparte de su ineptitud, algo más profundo de su personalidad anacrónica. “Ya no sabemos si es una “Princesa Encantada”, “La Mujer Maravilla”, “Batichica”, “Escobita” barredora de calles, “Bombera” apagando incendios, “Fumigadora” de mosquitos, la señora de “Santa Claus”, “Elfos”, un “Duende”, Blanca Nieves o se cree “Alicia en el País de las Maravillas”. “El fin, es hacer una comedia y engañar incautos que le comen cuento a la Tic-Toker que tenemos como alcalde”. Al menos eso manifestó un taxista al caer en un gigantesco hueco que de inmediato recuerda que la ciudad está totalmente destruida y gobernada por una integrante del clan Hurtado experto en mentir y engañar y su actora, en la Alcaldía de Ibagué. También tiene la propiedad de disfrazarse para cada evento que realiza.
En uno de los programas que organizó en los barrios, invitó, con el cuento de dar regalos a los niños que asistieran, la alcaldesa tardó en llegar dos horas a la cita fijada; se echó un discurso politiquero, se disfrazó como cinco veces de personajes distintos durante el tiempo que permaneció, y al final, repartió unos pocos regalos y la mayoría de niños se quedaron esperando. Esa es la imagen puntual de lo que está ocurriendo en la administración municipal.
Este festival de disfraces de la alcaldesa Johana Aranda, y sus astutos llamados, es algo común en su patrón Andrés Hurtado: la mentira. el sofisma. Y no van más allá de practicar el arte del engaño, como un método donde remplazan las realidades con el discurso sin contenido serio, con frases vanas y embaucadoras. Todo en la alcaldesa Aranda es una onerosa parafernalia promocional montada para sus recorridos por los barrios, descreste que no pasa de ser una campaña politiquera acompañada de disfraces de una persona carente de conocimientos para mandar, para ejecutar, incapaz de sacar a Ibagué de la situación de postración en que se encuentra, que solo sabe reír y reír en sus ya fastidiosos videos.
La muestra de la ineficiencia con la que se ha administrado a Ibagué se refleja en el desastre que presenta la malla vial en la que invitó, en forma por demás irresponsable, a estrenar un Lamborghini al joven tolimense que recientemente se lo ganó en un evento cultural.
Cierto es que esta situación acumula varios gobiernos; que esto de la malla vial se volvió repetido; tenemos tan mala memoria, que se nos olvida, que tapar huecos en Ibagué se convirtió en la gran promesa de los aspirantes a ser alcalde de la ciudad. Por supuesto, Johanna Aranda no era la excepción y con su estilo rocambolesco, va camino a batir récord. Ahora, con el lema que utilizó Andrés Pastrana en la época de alcalde de Bogotá, ‘diciendo y haciendo’, les pide a los ibaguereños que le indiquen en qué sectores de la ciudad se debe intervenir con urgencia. La respuesta en tono sarcástico, pero con razón, ha sido unánime: “toda la ciudad”. Tal vez alguno de sus agudos asesores le recomendó que consultara a sus gobernados y de esa manera aparecer como un acto de sublime ejemplo de participación comunitaria. Más que vanidosa esa errada salida de “Madrugamos a tapar los huecos de la 37, entre carreras Sexta y Quinta”, porque se escuchó el clamor ciudadano, es señal fehaciente del más puro y rampante populismo.
Ahora con la manoseada palabra de moda, “histórico”, porque “histórico” se les volvió todo, al punto que tapar un hueco tiene que llevar ese rótulo, la Alcaldesa anuncia, con bombos y platillos, la inversión de 100 mil millones para recuperación de la malla vial de Ibagué que serán invertidos más bien en contratistas que garanticen dinero para la próxima campaña.
Es sugestivo conocer cuánto dinero se ha malgastado en la fracasada recuperación de las calles de la ciudad en lo últimos 25 años. Por lo menos, durante ese lapso, se han destinado cerca de 600 mil millones, sin contar los 100 mil que vienen en camino. ¿Y cuál es el resultado? una malla vial siempre destruida, pero que sí ha servido como fábrica de votos e incluso para la reelección de uno que otro concejal que son mudos testigos de la destrucción de la ciudad. No se puede dejar pasar que muchos votos se depositan con la promesa de pavimentar una cuadra o una entrada a un barrio.
Las calles y avenidas de la ciudad son un tormento para la movilidad y para la calidad de vida de los ciudadanos, además de ser una vergüenza frente a los visitantes. El problema va más allá de la calidad de los materiales, es la corrupta contratación. Ejemplo de ello, es el tramo de la avenida Ambalá, inaugurado hace pocos meses, que ya muestra huecos difíciles de tapar, es la clase de obras que se efectúan y a eso sumemos que no hay cultura de mantenimiento vial, pareciera que es mejor negocio dejar que se destruya por completo la vía y ahí sí entrar a intervenir y para colmo, tan mal estamos en Ibagué, que tapar un hueco o pavimentar una calle, se volvió una “histórica gran obra” como expresa la prensa prepago que invadió los medios locales.

