Siendo el dinero un factor determinante de la corrupción en la política y de ésta, sus principales benefactores, los grandes grupos económicos y financieros del país, quienes a su vez son los dueños de los poderosos medios de comunicación. entre ellos, el periódico El Tiempo, la Revista Semana. los canales de Radio y Televisión, Caracol y RCN, se explica el por qué el Periodismo a través de los comentarios y noticias se ha convertido en un foco sucio y pestilente de mentiras o de verdades a medias acomodadas en contra del actual gobierno para desviar la atención de los lectores o de sus oyentes y lograr así, que muchos de éstos por ignorancia. ingenuidad o falta de interés se unan a una manada de opositores que se resisten a aceptar la derrota y con ella a perder el sinnúmero de favores obtenidos de anteriores gobiernos, a costa del erario público.
Es lamentable que periodistas al servicio de esos medios, tengan de pronto, más por pasión y sectarismo que por convicción seria y racional, realizar ese oficio al acomodo de sus patrones renunciando a la ética y a la neutralidad que son virtudes propias y características de esa profesión, que valga anotar nunca bajo ningún pretexto se deben perder o abandonar, so pena de incurrir en el rechazo de quienes siempre le rendimos culto a la verdad por satisfactoria y aún por amarga que ésta sea.
Nunca durante gobiernos anteriores se había visto, una reacción de los medios tan malsana y contraria a su misión de informar como la de ahora, seguro porque sin proponérnoslo veníamos contaminados de un neoliberalismo y una ultraderecha extrema, que nos tenía acostumbrados a tolerar y a juzgar como normal que unos pocos del sector privado disfrutaren, abusando a su manera, de las prerrogativas y privilegios estatales, que ahora un gobierno de izquierda como el de Gustavo Petro Urrego no está dispuesto a tolerar.
Esa parcialidad informativa de los medios, quedó ampliamente demostrada con la forma como los canales de Televisión RCN y Caracol, entre otros, reaccionaron con alborozo y alegría al dar la noticia del hundimiento de la Reforma a la Salud, por parte de 9 de los 14 miembros integrantes de la Comisión 7ª del Senado, para quienes fue más importante satisfacer su odio y deseo de venganza política en contra del Presidente, que la aquiescencia y aceptación que ya había recibido en la Cámara y en el Senado de un buen número de congresistas, que entienden, al igual que muchos ciudadanos, que con ese proyecto de ley solo se pretende mejorar el sistema de salud, haciéndolo más eficiente y oportuno, donde lo prioritario es liberarlo del abuso de muchas de las EPS que reciben del Estado a través del ADRES cumplidamente los dineros para el pago de las IPS, por el suministro de medicamentos y de los distintos servicios hospitalarios y los cuales sin recato alguno con frecuencia los destinan a otras finalidades, como las de efectuar aportes a las campañas políticas de candidatos o para su propio beneficio, como está ya demostrado, construyendo clínicas que luego aparecen de propiedad de la EPS o cuando éstas se liquidan, de quienes fueron sus dueños o accionistas.
Igual alboroto armaron, interrogando a los congresistas enemigos del gobierno, para que éstos culparen al Presidente de la crisis de la salud cuando la Superintendencia dio a conocer la intervención de las EPS Sanitas, de La Nueva EPS y la EPS S.O.S. del Valle del Cauca. Curiosamente, lo que en el 2023 no ocurrió cuando durante su mismo mandato fueron intervenidas las EPS Savia Salud, Asmet Salud y Famisalud, por los mismos motivos y en las mismas circunstancias de las anteriores.
Lo más diciente de su parcialidad es no sólo que se abstengan de interrogar a congresistas aliados al gobierno, sino también a aquéllos que a pesar de no serlo ven en la reforma a la salud una necesidad inaplazable, al igual que ya es costumbre rutinaria de tales medios, el dejar de informar todas aquellas realizaciones evidentes y palpables de este mandato, en los diversos sectores económicos y sociales que son exclusivamente en beneficio de nuestro país pero que por su odio visceral torpemente ocultan, para que no sean conocidas por gran parte de la población
Por otra parte, tampoco es nueva o novedosa la actitud genuflexa y proclive de ciertos periodistas, remedos o novatos de tal actividad, que al igual que aquellos a los que me he referido, se mueven con mayor frecuencia por lo regular en las provincias o regiones y utilizan los medios para escribir o hablar bien o mal del gobernante de turno, según el respaldo económico que de éstos reciban, especialmente mediante “cuñas o avisos”, cuándo nó de otra clase de favores.
De igual manera nos duele y conmueve aceptar que muchos de nuestros familiares y amigos más cercanos, unos por la influencia de esos medios, otros por su apego a gobiernos anteriores o porque han vivido siempre en su zona de confort y, por ende, por su indiferencia o ineptitud a pensar o razonar permanezcan en el error equivocados. A ellos, sólo por afecto, consideración y respeto se les tolera su insensatez.
Es por eso que, a éstos últimos, lo mismo que a muchos ciudadanos del montón se les puede justificar y perdonar el engaño en que viven, como quedó demostrado con la numerosa montonera del pasado 21 de abril que más que un acto democrático de reclamos e inconformidad, fue un manifiesto de agravios, de groserías y de amenazas de muerte al Presidente.
En resumen, fue el fruto esperado de un periodismo perverso e infame que se nutre a diario de odio y resentimiento ocultando a sabiendas la verdad y lo bueno de un Gobierno cuyo único propósito es el cambio

