La maquinaria de control social en tiempos de la conectividad digital

Editorial

Con la entrada del segundo milenio desapareció la vieja forma de sesgar la opinión pública, y apareció una nueva de manipulación y control. En el siglo ido operó por medios visibles, en éste, mediante los mecanismos invisibles del algoritmo.

En la vieja sociedad caracterizada por el papel impreso, el lector conocía la filiación política e ideológica del medio, y la firma del ideólogo que con chapa de periodista, editorialista o columnista lo adoctrinaba. En la actual era de las comunicaciones virtuales y con la intromisión de la IA, nada de aquello es seguro; porque el medio puede ser aparente, el firmante un fantasma, y el mensaje una mentira entera o una tergiversación maliciosa, imperceptible.

En pocos años el neoliberalismo ha perfeccionado los medios de adoctrinamiento ideológico sobre los ciudadanos. La imagen del lector de diarios sentado en el sillón familiar, el metro o un escaño público leyendo a dos brazos unas hojas enormes que escondían medio cuerpo y abrigaban por las noches a los miserables urbanos, pertenece al pasado. El arte da fe de que por más de doscientos años existió la costumbre cotidiana y masiva de leer diarios, hasta que expiró el siglo XX. Ahí siguen en las viejas películas gánsteres y espías fingiendo leer su journal.

Lo de hoy es el móvil, no el diario de papel. Ya la televisión había extinguido el cuadro de la familia reunida en torno a un gran aparato de radio escuchando música, las noticias de la gran guerra, de la segunda guerra mundial… el viaje a la luna. Aquella imagen sólo pervive en las viñetas vintage. Ahora radio y tv están incorporadas al teléfono con una variada batería de dispositivos virtuales que prodigan a voluntad información y regocijo en el cuenco de la mano; y una cámara con la que crear su propio canal de expresión y autopromoción, para figurar como director y estrella de sus propios contenidos.

El ciudadano moderno encontró en el teléfono móvil el refugio de su individualidad, y el hábitat para su confort. La era de la conectividad digital trasformó el modo en que tiene lugar el diálogo social. En el nuevo diálogo la presencia es prescindible, y con el uso de las herramientas de creación que ofrece el equipo, la interacción por el móvil o la internet crea en el individuo la percepción de ser autónomo y tener el control sobre la comunicación.

Nuestro ciudadano es capaz de originar un diálogo privado y tener el control sobre el mismo, mientras no entre en el torrente de las redes sociales, porque en ellas el diálogo se hace interminable y pierde todo control sobre el contenido. Además de los riesgos de la tergiversación, la ofensa… el desvío.

Sin embargo, el verdadero riesgo de manipulación del diálogo acecha en la producción de los algoritmos. Cada vez que en el móvil hacemos clic en un contenido de nuestra preferencia, estamos enviando información que nos hace objetivos de un mensaje programado desde algún sitio con el fin de dirigir nuestras decisiones. La ingeniería de software nos ha convertido objetivo de publicidad de mercancías y de campañas políticas para redefinir nuestra inclinación de compra o de afinidad ideológica. Y el usuario ignora estar siendo colonizado, porque el proceso oculto de los algoritmos produce sus mensajes en masa y en forma automática, usando el móvil que nos ve, nos oye y nos sigue.

El poder de los algoritmos lo confirman las recriminaciones cruzadas entre los candidatos presidenciales en los Estados Unidos sobre la supuesta intromisión digital en los resultados electorales de 2016 y 2020. Sin embargo, cuando se creyó que la intromisión ocurría durante las campañas comerciales o políticas, una noticia reciente indica que la maquinaria digital que presiona nuestras decisiones no se detiene.

Difundió el canal español de derecha “Negocios TV” el pasado 23 de mayo, que La GACETA, un periódico de extrema derecha, publicó un informe titulado Fabricando la Desinformación (Manufacturing Misinformation) firmado por el Dr. Norman Levis. De acuerdo con la noticia, “la Comisión de la UE que preside Úrsula van der Leyen ha invertido 649 millones de euros con el fin de hacer la guerra a la opinión libre en Europa”; presupuesto que se habría canalizado en 349 proyectos contratados con ONGs, universidades, centros de pensamiento, medios de comunicación, periodistas y empresas electrónicas de fachada, en un plan de largo plazo destinado a interferir con herramientas digitales y el uso de la IA, los contenidos de la opinión libre en las redes.

Todo un plan de agresión diseñado para actuar en distintos momentos. El primero, con la estratagema denominada “democracia participativa”, se simula colaborar con el autor en la coproducción de contenidos desde emisores falsos, con el fin de desnaturalizar el discurso original. 

El segundo se propone desfigurar desde afuera el contenido independiente, y presentarlo afeado y odioso a los ojos del público corriente para erosionar su acogida.

El tercero es la confrontación directa, recurriendo a la mentira y la agresión no física, hasta provocar que el productor del canal libre sea repudiado por los adeptos de la mayoría ideológica dominante, y disminuya la aprobación de los ciudadanos que no han tomado partido.

Es el método violento que los serviciales de las grandes cadenas de información usan contra nuestros comunicadores independientes; el mismo empleado por la derecha colombiana en el referéndum convocado torpemente por Santos en 2016 para aprobar o desaprobar el Acuerdo de Paz entre el gobierno nacional y las FARC-EP. ¡Que salgan a votar emberracados!, fue la consigna, engañados por la mentira diaria.

La investigación de Levis exhibiría la pantomima democrática de los líderes neoliberales de Europa que acusan de “autoritarios” a ciertos países por violar el derecho de expresión, mientas pagan la costosa maquinaria para manipular a sus ciudadanos en favor de sus políticas. Los grandes medios de USA, el Reino Unido y Europa callan, porque pertenecen a la órbita neoliberal que los controla. Y a nosotros también, pues los medios miran a otra parte, y no mencionan el informe. Al grupo PRISA le duelen los callos.

Orwell estaría desconcertado viendo su monstruo controlador de la intimidad operando en el continente del Renacimiento, la Enciclopedia, la Revolución de los Derechos, y el cuadro de Delacroix con “La Libertad guiando al pueblo”.

Una paradoja de la historia: la derecha denuncia a los liberales por perseguir la libertad.

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