Padeciendo nostalgia

Opinión

La época hace que volvamos la vista atrás en nuestro discurrir vital para tratar de encontrar aquello del pasado que nos agradaba o servía y, de la misma manera, extrañarlo si ya no está presente, de que manera nos afecta su ausencia y las medidas que debemos tomar para sustituirlo o recuperarlo.

Iniciamos con las primeras actividades del día y, luego, pasamos a otras del cotidiano ejercicio. Al desayuno, se tomaba café con leche, que se conformaba con productos de Café San Juan y Leche.

El Trébol; los huevos provenían de Huevos Vigor y se freían con Aceitol; el pan era de la Panadería Argentina.

Si se tomaba un taxi para transportarse se llamaba al 1212 de Flota Águila y al llegar a la oficina esta estaba dotada con muebles de Juvalzam.

Los servicios públicos los proporcionaba Electrolima que, además, tenía producción propia en la hidroeléctrica de Prado; los servicios de telecomunicaciones los brindaba Teletolima y el aseo era de las Empresas Públicas Municipales.

Si el clima acentuaba se aliviaba la sed con productos de Gaseosas Tolima o de la fábrica de Bavaria en Chapetón.

Cuando se requería dinero se acudía a la Corporación Financiera del Tolima, a Corpopular, al IFI, la Caja Agraria o a Cooperamos, dependiendo de la cuantía o la actividad a realizar, así como si la intención era hacer rendir los recursos.

La ropa provenía de una industria integral que se iniciaba en el cultivo de algodón y seguía con la hilatura, los textiles, las confecciones y la comercialización. Para el efecto estaban Texpinal, Fibratolima, Fatextol y varias pequeñas y medianas empresas de confecciones y comercialización.

Había fabricantes de pastas como El Dorado, así como de partes para automóviles y bicicletas.

Por cierto, entidades del orden nacional tenían sus oficinas regionales en el Tolima, ahora se ubican en Neiva, Pereira, Armenia o Manizales.

Todo lo anterior y muchos otros para los que la memoria es flaca, se sumaron a la finalización de las exenciones establecidas por la erupción del Ruiz y contribuyeron a que por varios años el desempleo de Ibagué marchara a la cabeza en los índices entre las ciudades capitales.

Propuestas para recuperar la dinámica empresarial hay muchas, que casi siempre recuerdan la especial ubicación de Ibagué y su región circundante, en la estratégica mitad de los principales mercados nacionales; más he aquí, que los consumidores locales, nativos o migrantes, pueden contribuir al crecimiento de las empresas locales o a la motivación para que los empresarios reconstruyan el aparato productivo. Una fórmula consiste en preferir los productos locales sobre los importados (del extranjero o la Colombia misma) que pueden adquirirse en tiendas o supermercados y van desde el bizcocho de achira, el arroz empaquetado, papa y verduras en bolsa, pan horneado localmente, así como arepas de confección local. Basta con mirar en la alacena o el refrigerador y tomar un tiempo para analizar las envolturas y etiquetas para así condicionar la compra. De seguro el ciudadano ha de encontrar que la calidad del producto local supera al de fuera, con el complemento de que se apoya a la empresa local y al empleo.

Algunas personas opinan que, además, deben preferirse las empresas comercializadoras locales que venden y distribuyen mercancías, ya que el impacto es similar. Estas rudimentarias ideas se pueden complementar con más sofisticadas propuestas de la Cámara de Comercio o los gremios locales.