
Por: ANTONIO MELO SALAZAR
El pasado 20 de abril arribaron a Ibagué no menos de cien delegados internacionales y, un número similar de nacionales, para participar en la llamada Cumbre Global de Economía Circular, en la que se examinan opciones diversas para reordenar la economía de las naciones, en aras de morigerar el impacto que el ser humano causa en el ambiente y la sostenibilidad del planeta y, de la misma manera, tanto censurar las actividades nocivas como las que contribuyen a la supervivencia.
Muy loable que esto ocurra en nuestro suelo y, más aún, si lleva a las diversas organizaciones privadas y públicas, así como a empresarios y financieros locales a coincidir en la impostergable acción que lleve, entre otras cosas, a conformar la necesaria entidad que consolide el manejo de residuos y subproductos mediante un proceso industrial, de los que hoy se envían a otros lugares, se dispone descuidadamente con mayores efectos nocivos para el entorno o se acumula sin provecho alguno, cuando en las otras regiones son fuente de trabajo, desarrollo y progreso.
Ya el Comité de Gremios ha debatido el asunto y en la ADT se discuten propuestas e ideas al respecto.
Viene ahora la parte creativa, que consiste en concretar las aspiraciones y dar paso a las ejecutorias, para lo cual es menester, también, emprender otras actividades que van desde fortalecer la red de servicios públicos esenciales, la construcción de una arquitectura legal adecuada y la exigencia para con quienes hoy manejan los temas afines , para trabajar coordinadamente en metas plausibles en el inmediato futuro y en detectar ( sin sorna ni sarcasmo) a verdaderos expertos en basuras, desperdicios y residuos.
De otro lado habrá que crear conciencia entre los grupos ciudadanos, que están al mando de organismos estratégicos y que increíblemente desconocen aspectos de la región de ocurrencia relativamente reciente y que, en su ignorancia, proclaman como de inusitado acontecer. En particular cuando hablan de un vuelo de Quito a Ibagué como el primero internacional que surca el espacio aéreo local, cuando en vida de la nunca bien lamentada Aires había vuelo diario a Panamá y este cronista tuvo a bien ir a Aruba y, en otras ocasiones a Curacao, en viajes de ida y regreso; a más de las añoradas frecuencias que conectaban a Ibagué con Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Neiva, Bucaramanga, Barranquilla, Cartagena y Santa Marta con la comodidad y oportunidad que entrañaban y las posibilidades de progreso e inversión que facilitaban.
En otra ocasión será necesario comentar sobre lo que parece haberse borrado de la memoria de los noveles “cacaos”.
